Archivo de la Categoría 'Bestiario'

nothing of consequence

Nothing of Consequence (http://www NULL.nothingofconsequence NULL.org)

¿Nada de importancia (http://www NULL.nothingofconsequence NULL.org/)? Bueno, no exactamente. La historia de Zerah Cormack lleva un par de años rondándome la mente, y claro, ha acabado por juntarse con la historia de tres personajes muy especiales para mí que llevan más de diez años habitando ciertos rincones que beben de lo literario y lo mítico. Cada uno se hace la mitología a su medida y aquí los homenajes son harto evidentes, sobre todo para quien me conozca bien.

Mis dos compinches (Cyrus Highsmith y Joancarles Casasín) le dan brillo al asunto: uno convierte las palabras en otra cosa casi totalmente distinta y muy hermosa, y el otro hace posible que tú (y tú, y tú, y sí, también tú) nos leas… Ahí es nada.

La idea es crear una serie de historias con un arco narrativo común cuya fuerza resida en los propios personajes. Pero de momento dejaos caer y, si os apetece, seguidnos por twitter: La cuenta @nothingofc (http://www NULL.twitter NULL.com/nothingofc) os permitirá estar al corriente de las actualizaciones que haya.

Pronto espero que la página pueda estar disponible en castellano y catalán. Por ahora nos centraremos en recorrer un trecho, a ver a donde nos lleva.

http://www.nothingofconsequence.org (http://www NULL.nothingofconsequence NULL.org)

la bestia según Malory

Y allí acudió a él la esposa del rey Lot de Orkney, en manera de embajada, aunque era enviada para que espiase la corte del rey Arturo; y llegó ricamente ataviada, con sus cuatro hijos: Gawain, Gaheris, Agravain y Gareth, con muchos otros caballeros y damas. Y como era muy hermosa dama, el rey concibió gran amor por ella, y deseó yacer con ella. Y acordados ambos, engendró en ella a Mordred, siendo como era su hermana, por parte de la madre, Igraine. Y permaneció ella un mes, y finalmente partió.

Entonces el rey tuvo un sueño maravilloso del que se sintió muy espantado (pero en todo este tiempo el rey Arturo no sabía que la mujer del rey Lot era su hermana). Éste fue el sueño de Arturo:

Imaginó que entraban en esta tierra grifos y serpientes, y que quemaban y mataban a toda la gente; después imaginó que luchaba con ellos, y que le infligían muchísimo daño, y le herían dolorosamente; pero al final los mataba.

Arturo y la Bestia AulladoraCuando el rey despertó, se sintió muy afectado por el sueño; y para apartarlo de su pensamiento, se aprestó con muchos caballeros a salir a montear.

Y estando así sentado, le pareció oír voces de perros, como de unos treinta. Y en eso vio venir hacia él a la más extraña bestia que había visto ni oído nombrar. Se acercó la bestia a la fuente a beber, y el ruido que salía de su vientre era como el gañido de treinta pares de perros; pero todo el tiempo que la bestia estuvo bebiendo no salió estruendo ninguno de su vientre; y seguidamente partió la bestia con gran ruido, de lo que tuvo el rey gran maravilla. Y se quedó ensimismado, y poco después le venció el sueño. Y llegó seguidamente un caballero a pie a donde estaba Arturo, y le dijo:

—Caballero absorto y somnoliento, dime si has visto pasar por aquí una bestia extraña.»

Malory, Thomas, La muerte de Arturo, Libro I, capítulo 19, Ediciones Siruela, 2005 (trad. Francisco Torres Oliver).

objetos ajenos

En mis viajes llegaré a conocer a la Bestia Distinta.

Acecharé su sueño a la luz de la luna, convencido, quizá erróneamente, de que no está advertida de mi presencia, y la veré correr por el bosque, silenciosa como la caída de una pluma porque las hojas no se mueven a su paso.

Observaré con atención a la Bestia Aulladora el poco tiempo que pueda. Lo haré tanto allí como pueda hacerlo aquí.

Tanto aquí ¿abajo? como allí ¿arriba?

Nuestro primer encuentro tuvo lugar en el pasado. No era consciente de a qué me enfrentaba. Me pregunto si ahora lo soy.

Supongo que no.

Darle caza se ha convertido en el objeto de mi demanda, y tanto si sigues mi relato como si no lo haces tal vez te interesen los apuntes que voy tomando sobre ella.

Poco después de tener mi segundo sueño me refugié en casa de un amigo, en las Baleares. Paseábamos por las rocas que bordean una cala cuando me pareció distinguir la sombra que, sobre las aguas cristalinas de finales de abril, proyectaba la Bestia Ladradora desde los Otros Lugares.

la sombra de su cabeza de serpiente

Hay lujos que no puedo permitirme en este relato fiel de los hechos. Cuando me adentro en el bosque no debería llevar conmigo las cosas de aquí, me refiero a objetos que podrían serme útiles para dejar constancia de mi búsqueda. Cuando me arriesgo a hacerlo no tengo más remedio que escoger.

En parte porque me parece una falta de respeto. No están preparados para tanto cambio y no soy quién para imponérselo, ni siquiera en las situaciones en que podría salvarme la vida. No ven con buenos ojos todos aquellos objetos que ellos denominan, en un alarde de originalidad, Objetos Ajenos. Debo cuidarme de despertar su ira. De enojarlos. De que reparen en mi intrusa presencia allí.

Por mucho que Berto insista en que debo llevarme el móvil, ¿de qué iba a servirme? ¿Acaso hay cobertura en el otro mundo? ¿Alcanzan los satélites a repetir las señales emitidas desde los Otros Lugares?

Pero me alejo del propósito de esta entrada. Aún queda un largo trecho por recorrer y no quiero adelantar acontecimientos.

Quería hablar de la Bestia Ladradora. Ha llegado el momento de hacerlo. Esta categoría, Bestiario, constituye una especie de apéndice de la narración. La mayoría de los textos e ilustraciones que la integren serán apuntes diversos que, leídos por separado, parecerían deslavazados, pero que al cabo ofrecerán una visión de conjunto que complemente el texto.

Leed con atención y no olvidéis que quien avisa no es traidor.

Al menos sobre el papel.

santo patrón de la caballería

dragón de arena

Con agradecimiento a todos los trabajadores del libro, damas y caballeros andantes donde los haya.

ese buen caballero

Robert Kennedy Duncan

Juzgamos imposible alcanzar el conocimiento absoluto de la constitución última de la materia. La ciencia es como Palamedes [Palomides], ese “buen caballero” de la novela artúrica que perseguía a la bestia llamada Glatissant.  Ésa era su demanda, como tal inalcanzable; no obstante, cumplir con ella era su empeño, y se aplicaba con denuedo a la labor, a pesar de las cuitas y distracciones que pudieran surgirle en el camino. La naturaleza última de la materia es la demanda que persigue la ciencia.

Kennedy Duncan, Robert, Some chemical problems of today. Harper & Brothers, Nueva York, 1911.