Archive for marzo, 2010

antropónimos, topónimos

jueves, marzo 25th, 2010

Iba a escurrir el bulto con una entrada muy apañada sobre gules o sinoples, que ya toca volver a visitar esas tierras no vaya a ser que me despiste, pero al final he optado por ser valiente y seguir el plan original, que consistía en explicar por qué cuando hablamos de Gawain, Galván, Gauvain o Galvanus no nos referimos a cuatro hermanos que participan en un torneo, sino que hablamos de la misma persona.

La dama de ShalottEn la entrada sobre las tramas del ciclo artúrico ya mencioné que distintas culturas o tradiciones se apropiaron de según qué partes de la leyenda. Pues bien: cada una de ellas adaptó los nombres de los personajes y los lugares (antropónimos y topónimos) para que los lectores pudiesen aprehenderlos con mayor facilidad, hacerlos más familiares, asimilarlos. Y no sólo eso, también las traducciones antiguas impusieron en su época sus propios criterios.

En los esfuerzos de traducción de las principales obras del ciclo artúrico destacan algunos nombres propios. Por criterios de unificación, algunos optaron por mantener los nombres en el original, traduciendo, eso sí, los más conocidos (el rey Arturo y la reina Ginebra nunca son Arthur y Guinevere, aunque en ciertos casos Arturo sea llamado rey Artús). Otros se inclinaron por castellanizarlos.

Carlos Alvar tradujo La Vulgata (hablamos de la versión francesa del asunto) en la década de 1980. El criterio que empleó lo resume la siguiente frase que cito a continuación, incluida en la introducción de Lanzarote del Lago, La reina del gran sufrimiento, primer volumen de los 7 que componen la edición de Alianza del Lanzarote en prosa:

En general he mantenido los nombres propios, unificando las grafías, de acuerdo con la forma original, aunque he castellanizado los más conocidos.

Más adelante, en su introducción de La muerte de Arturo, obra con la que concluye La Vulgata, dice Alvar:

Por lo general he castellanizado los nombres propios cuando aparecen con cierta frecuencia; en caso contrario, los he mantenido con la forma francesa original.

Veo que existe un matiz entre ambas explicaciones, y es que Alvar fue acercándose más al 2º criterio que al primero.

Otros traductores/investigadores han sido más fieles con el texto original: Victoria Cirlot menciona por ejemplo a Gauvain o Lancelot en su extraordinario Figuras del destino, mitos y símbolos de la Europa medieval, publicado por Siruela. Por su parte, Francisco Torres Oliver mantuvo en su momento los nombres originales, castellanizando únicamente los más conocidos, cuando tuvo que trasladar del inglés (y hago hincapié en lo de inglés) La muerte de Arturo, de sir Thomas Malory.

Para Glatissant también he tenido que tomar una decisión que no gustará a todo el mundo. Sin embargo, soy consciente de que es imposible satisfacer todos los gustos. Podría ser fiel al original y, de paso, a Google, lo cual me ayudaría a indexar mejor el blog (la gente tiende a buscar Lancelot en lugar de Lanzarote, y si hacéis una búsqueda en el motor mencionado veréis por qué). Ésa sería sin duda la opción más sencilla, lo cual no tiene nada de malo.

Pero a mí me gusta la complejidad, y este blog es un viaje de descubrimiento. De momento recurriré a la versión más conocida de antropónimos y topónimos para las etiquetas, pero en el texto de las entradas optaré por la opción alvariana (siempre y cuando sea capaz de dar con ella, porque a veces hay que indagar mucho). Poco a poco nos iremos familiarizando con las distintas versiones, y si menciono una realmente rebuscada procuraré aclararla entre paréntesis o a pie de entrada.

aubrey beardsley

jueves, marzo 18th, 2010

La dama del lago recupera Excalibur

De niño fue músico prodigio, pero por suerte acabó dedicando seis años, los últimos de su corta vida, a la ilustración. Aubrey Beardsley nació en 1872 y murió de tuberculosis en 1898, después de convertirse al catolicismo y de mucho perseguir a su editor para que retirase aquellas de sus obras que consideraba menos recatadas. (Digo yo que la práctica totalidad.)

En cuanto al estilo, puestos a poner etiquetas, podemos considerarlo adscrito al movimiento Art Noveau. Quizá entre sus obras más famosas se cuenten las ilustraciones para la obra Salomé, escrita por Oscar Wilde. Hizo incluso caricaturas de corte político, faceta esta que no es muy conocida.

The Yellow BookColaboró en prensa. Dirigió por ejemplo la parte artística de The Yellow Book, la publicación literario-cultural más influyente de la última década del siglo XIX, que entre otras contó con colaboraciones de un futuro premio Nobel como el poeta W.B. Yeats, el novelista H.G. Wells y el crítico y narrador Henry James. Beardsley colaboró durante cuatro números, hasta que en 1895 el escándalo que llevó a Wilde a la cárcel lo salpicó por asociación —ni siquiera eran amigos—, y el editor lo puso de patitas en la calle.

En su estilo, caracterizado por la influencia del dibujo japonés y el contraste entre imponentes manchas de blanco y negro (la mayoría de sus ilustraciones son en tinta negra), destaca el trazo erotizante (pongámonos en situación: hablamos de la época victoriana). En cuanto a la elección de temas se movió principalmente en el terreno de la mitología y la fantasía, y sirvió de influencia para los grandes cartelistas de finales del siglo XIX, los simbolistas franceses y el resto de los artistas del Art Noveau. Junto a Arthur Rackham está considerado el ilustrador más importante de su época.

Aubrey BeardsleySu presencia en Glatissant la debemos al primer encargo de calado que recibió, una serie de ilustraciones para una edición publicada en 1893 de La muerte de Arturo, de sir Thomas Malory, último corpus principal del ciclo artúrico antes de que podamos hablar de obras mucho más modernas. Beardsley estuvo completamente volcado en esta labor, a la que dedicó nada menos que dieciocho meses de trabajo.

Aquí Siruela publicó en español una versión (http://tinyurl NULL.com/yeap9ks) para jóvenes de este clásico, escrita por Roger Lancelyn Green, que incluye como valor añadido las ilustraciones artúricas de Aubrey Beardsley, de quien os pido que no os olvidéis puesto que no será la última vez que lo veamos por aquí.

tramas del ciclo artúrico

jueves, marzo 11th, 2010

Existen diversas versiones de la leyenda artúrica. A menudo proceden de tradiciones culturales distintas, por lo que cuesta dar una imagen unitaria de las partes que componen el ciclo. No hay prisa: empezaré por un sencillo resumen, y en sucesivas entradas profundizaré un poco en todos estos aspectos, comentando también, en la medida de lo posible, las diversas variantes.

Vayamos punto por punto, a grandes trazos.

  • Arturo es un rey joven que unifica el reino de Bretaña, ayudado por los consejos de un sabio adivino llamado Merlín, a quien la magia no resulta ajena. Merlín proporciona una serie de ayudas providenciales a Arturo y le hace las veces de tutor. Tras la boda del rey con la reina Ginebra y la institución de la orden de la Tabla Redonda, y a pesar de las amenazas interiores y exteriores (conspiraciones diversas, presión de las tribus del norte, incursiones sajonas…), Bretaña deviene el marco ideal de toda suerte de andanzas caballerescas. Es la edad de oro de la caballería.

sir Galahad

  • Uno de los mejores caballeros de Arturo es Lanzarote del Lago. Llegado a Bretaña procedente de la Gaula (en/o Francia), se enamora de la reina Ginebra, sentimiento que es correspondido. A pesar del esfuerzo de ambos por evitarlo, acabarán consumando su amor, lo que con el tiempo desembocará en el fin del reino. Esta relación introduce un motivo clásico de la literatura medieval: el del amor cortés.
  • Otra importante historia de amor, también con final trágico, es la de Tristán de Leonís e Iseo la Rubia, esposa del rey Marco de Cornualles, nada menos que tío de Tristán. De todas las tramas principales ésta es quizá la que se antoja más engastada en el ciclo artúrico. Su popularidad bastó para incorporarla en el ciclo, a pesar de que en sus inicios fue un relato independiente.
  • La demanda del santo Grial, el cáliz que recogió la sangre de Jesucristo en la cruz, constituye otro de los grandes temas: Se trata de una búsqueda espiritual, que tan sólo los caballeros más puros podrán coronar con éxito. Muchos la emprenden, pero son tres quienes lo alcanzan en mayor o menos grado: Boores, Perceval y Galaz, este último hijo ilegítimo de Lanzarote y una dama llamada Amite, quien le dio un bebedizo para que la tomara por Ginebra. El hallazgo del santo cáliz restaña muchas de las heridas que afligen al reino, pero…
  • En esta fase crepuscular, Mordred (hijo ilegítimo del rey Arturo y su propia hermanastra, la reina Morcadés, aunque según donde se atribuye a Morgana la maternidad, por aquello de simplificar y porque también es hermanastra de Arturo) conspira con parte del clan de Orcania (Galván y sus hermanos, hijos de Morcadés y el rey Lot, sobrinos todos de Arturo) para destapar la relación de Lanzarote y Ginebra. Al rey Arturo se le cae la venda de los ojos y el reino se viene abajo entre batallas, conflictos y retiros a conventos. A estas alturas ni siquiera puede salvarlo Merlín, que ha desaparecido ya de la historia, tras ser engañado por una de las damas del Lago, deseosa de hacerse con todos sus conocimientos arcanos.

Ya veis que entre incestos, relaciones amorosas, desafíos caballerescos, batallas, mortíferos engaños, búsquedas espirituales, profecías, magias y conspiraciones, es fácil entender que los relatos que componen el ciclo artúrico aún sean objeto de lectura y estudio. Es el renacimiento de la prosa europea, tras las bases sentadas por los clásicos griegos y latinos.

Un mar de palabras, aventuras y poderosas imágenes en que sumergirse.

escudo, blasón

jueves, marzo 4th, 2010

Dice Juan Eduardo Cirlot en su extraordinario e inspirador Diccionario de símbolos:

… el escudo exhibe; por esto ya desde la Antigüedad fue el lugar donde el guerrero disponía el emblema que juzgaba serle característico y que, entre los siglos XI y XIII, se convirtió en blasón heráldico, hereditario.

Acudo al diccionario de la RAE para aclarar tres de los términos introducidos en la cita de JEC, y expongo mi recorrido paso a paso para que veáis que soy honesto con esto que escribo:

escudo de armas.

m. Heráld. Campo, superficie o espacio de distintas formas en que se representan los blasones de un Estado, población, familia, corporación, etc.

Perfectamente claro. El escudo de armas es el espacio. El lienzo.

emblema.
(Del lat. emblēma, y este del gr. ἔμβλημα, adorno superpuesto.)

  1. m. Jeroglífico, símbolo o empresa en que se representa alguna figura, al pie de la cual se escribe algún verso o lema que declara el concepto o moralidad que encierra. U. t. c. f.
  2. m. Cosa que es representación simbólica de otra.

Me quedo con la segunda acepción. Aunque la primera…

blasón.
(Del fr. blason).

  1. m. Arte de explicar y describir los escudos de armas de cada linaje, ciudad o persona.
  2. m. Cada figura, señal o pieza de las que se ponen en un escudo.

De modo que «blasón» es tanto el arte de explicar y describir los escudos de armas, como cada figura, señal o pieza que lo componen.

Es fácil llegar a la conclusión de que el blasón heráldico es una de las primeras muestras de lo que actualmente conocemos por «imagen de marca», un logotipo, un distintivo, en este caso formado únicamente por imágenes (aunque a veces se incluyeran lemas), útil para distinguir al caballero, separarlo de los demás, y que asimismo puede identificar otras ideas y entidades.

Lanzarote (campo de plata con bandas de gules) riñe con Tristán (campo de sinople con león rampante de oro)

Pienso que es importante que aprendamos a movernos entre los escudos de armas de los compañeros de la Tabla Redonda, puesto que haré mención de ellos a menudo, así que empezaré por algo sencillo. No será necesario profundizar mucho, pues nos alejaríamos de la demanda de este espacio, pero en futuras entradas de Heráldica en Artúrica iremos viendo uno por uno los colores y metales, así como otros detalles, hasta familiarizarnos con el lenguaje, o, al menos, hasta que dispongamos de una serie de enlaces adonde recurrir.

Cinco son los colores principales (llamados esmaltes) que hallamos en el arte heráldico:

  • gules, sinople, azur, púrpura, sable

Y dos son los llamados metales que complementan a los esmaltes:

  • plata, oro

A continuación listo los enlaces internos de los metales y esmaltes completados hasta la fecha: sinople, azur,

En la imagen, Lanzarote del Lago se enfrenta a Tristán de Leonís: En el escudo del primero tenemos bandas de gules sobre campo de plata, mientras que en el de su adversario figura un león rampante en oro sobre campo de sinople.