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libro III: el bosque salvaje

«Miras el montón de folios impresos y te dices que si ahora desaparecieras o renunciases, todo eso moriría ahí.»
Arturo Pérez-Reverte

mapa de las constelaciones

En esta era salvaje, un puñado de jinetes cruza el prado para adentrarse en un bosque que se conoce por el nombre de Perdido. Pero en el interior hay tan poca luz que al cabo dejan de oírse los cascos de los caballos y se impone una quietud que espanta al más valiente de los hombres. Acuden allí en busca de algo, puesto que jamás cabalgan sin motivo. Una aventura. Un desafío. Se cruzan con una dama hermosa, virgen inmaculada, a quien persigue un viejo sacerdote que adora a un dios de las antiguas creencias cuya existencia no recogen los pocos libros que se han escrito en esta era salvaje.

En este bosque perdido, el puñado de jinetes encuentra a otro viajero, un extraño que los contempla como si fueran la cosa más peculiar del mundo. No habla, ni tiene su aspecto, ni parece llegado de norte, sur, este u oeste.

He aquí el inicio de una historia, una de tantas, en esta era salvaje.

Y ahora juguemos a cambiar el orden de los elementos. En esta era perdida. En este bosque salvaje.

la bestia según Malory

Y allí acudió a él la esposa del rey Lot de Orkney, en manera de embajada, aunque era enviada para que espiase la corte del rey Arturo; y llegó ricamente ataviada, con sus cuatro hijos: Gawain, Gaheris, Agravain y Gareth, con muchos otros caballeros y damas. Y como era muy hermosa dama, el rey concibió gran amor por ella, y deseó yacer con ella. Y acordados ambos, engendró en ella a Mordred, siendo como era su hermana, por parte de la madre, Igraine. Y permaneció ella un mes, y finalmente partió.

Entonces el rey tuvo un sueño maravilloso del que se sintió muy espantado (pero en todo este tiempo el rey Arturo no sabía que la mujer del rey Lot era su hermana). Éste fue el sueño de Arturo:

Imaginó que entraban en esta tierra grifos y serpientes, y que quemaban y mataban a toda la gente; después imaginó que luchaba con ellos, y que le infligían muchísimo daño, y le herían dolorosamente; pero al final los mataba.

Arturo y la Bestia AulladoraCuando el rey despertó, se sintió muy afectado por el sueño; y para apartarlo de su pensamiento, se aprestó con muchos caballeros a salir a montear.

Y estando así sentado, le pareció oír voces de perros, como de unos treinta. Y en eso vio venir hacia él a la más extraña bestia que había visto ni oído nombrar. Se acercó la bestia a la fuente a beber, y el ruido que salía de su vientre era como el gañido de treinta pares de perros; pero todo el tiempo que la bestia estuvo bebiendo no salió estruendo ninguno de su vientre; y seguidamente partió la bestia con gran ruido, de lo que tuvo el rey gran maravilla. Y se quedó ensimismado, y poco después le venció el sueño. Y llegó seguidamente un caballero a pie a donde estaba Arturo, y le dijo:

—Caballero absorto y somnoliento, dime si has visto pasar por aquí una bestia extraña.»

Malory, Thomas, La muerte de Arturo, Libro I, capítulo 19, Ediciones Siruela, 2005 (trad. Francisco Torres Oliver).

excalibur

Con el tiempo la importancia que popularmente se le dio a la espada Excalibur superaría a la de su vaina, a pesar de lo que encontramos escrito, por ejemplo, en la versión tardía de Malory (25, I):

Entonces sir Arturo miró su espada, y le agradó mucho.

—¿Qué os gusta más —dijo Merlín—, la espada o la vaina?

—Me gusta más la espada —dijo Arturo.

—Pues andáis desencaminado —dijo Merlín—, porque la vaina vale por diez espadas; pues mientras tengáis la vaina con vos, no perderéis sangre ni seréis herido gravemente; así que guardad bien la vaina siempre con vos.

Excalibur [Caliburnus, Escalibor] no debe confundirse con la espada que Arturo, casi de forma accidental, saca de la piedra para demostrar su derecho al trono, a pesar de que en algunas versiones ambas se consideren una y la misma. Tanto la Post-Vulgata como, posteriormente,  Malory, nos sacan del error.

En Perceval, Chrétien de Troyes se la endosa a Galván [Gauvain, Gawain], y dice de ella:

La mejor espada que existió, que taja el hierro como madera.

También según la tradición que se consulte el nombre tiene un significado u otro. Desde el hebreo «que rompe el hierro, el acero y la madera», hasta la raíz latina (chalybs=acero), a la que recurrió Godofredo de Monmouth para llamarla Caliburnus en su Historia de los reyes de Bretaña, obra de la que hablaré en otra ocasión.

A mí de pequeño —creo que Los hechos del rey Arturo y sus nobles caballeros fue la primera versión que leí del ciclo artúrico— me gustó la interpretación de John Steinbeck, quien creo recordar traducía su nombre como «hecha de piedra».

En otra entrada traduje un pasaje de una de las muchas versiones que se han escrito de la leyenda artúrica que describía la escena en que Arturo, herido de muerte tras la batalla de Salesbieres [Salisbury] que lo enfrenta a su hijo incestuoso Mordred [Mordret], pide a Beduier [Bedivere], que devuelva la espada a la dama del lago.

Otra referencia interna la encontraréis en la ilustración que encabeza el espacio dedicado a Aubrey Beardsley.

Giflete [Girflet] es quien se encarga de la labor en otras versiones, y en la película Excalibur, de John Boorman, la tarea recae sobre Perceval, tal como vemos en el video que incluyo a continuación, y que lamentablemente sólo recoge parte de las idas y venidas, de las dudas del caballero.

Ojo que es el final de la película (lo digo para quienes queráis verla entera y no tengáis ni flores de cómo acaba):

rumbo a avalón

rumbo a Avalón

… Entonces sir Beduier cargó al rey a cuestas y se dirigió a la orilla. Y cuando alcanzaron la orilla vieron una modesta falúa con varias damas de gran belleza a bordo, y había una reina entre ellas, y todas iban cubiertas con rebozo negro, y al ver al rey Arturo lloraron y gimieron de pena.

—Embárcame en esa falúa —ordenó el rey, y eso fue lo que hizo Beduier [Bedevere, Bedivere, Bedwyr] con gran cuidado. A bordo lo recibieron tres reinas con grandes muestras de dolor, y lo tumbaron en la madera, y fue en uno de sus regazos donde el rey Arturo apoyó la cabeza.

—Ay, querido hermano, ¿por qué te has demorado tanto? Mucho me temo que esta herida tuya se ha enconado —lamentó la reina.

Sir Bedivere vio alejarse a las damas mientras se apartaban de la orilla a fuerza de remo. Entonces exclamó:

—Ay, mi señor Arturo, ¿qué va a ser de mí ahora que os alejáis, dejándome aquí solo y a merced del enemigo?

—Ten coraje —respondió el rey—, y sé tan verdadero como puedas, pues ya nadie puede depender de mí. Me dirijo al valle de Avilion [Avalón] para sanar de mi dolorosa herida. Y si nunca vuelves a oír hablar de mí, reza por mi alma.

Las reinas y damas no habían dejado de derramar sus lágrimas, tales eran sus muestras de dolor que resultaba penoso oírlas. Y en cuanto sir Beduier perdió de vista la falúa, lloró y se lamentó …

Cutler, U. Waldo, Stories of King Arthur and his Knights. George G. Harrap, Londres, 1905.

libro II: el vientre de la ballena

… Porque nadie en su negro bajel pasa aquí sin que atienda
a esta voz que en dulzores de miel de los labios nos fluye.
Quien la escucha contento se va conociendo mil cosas …

libro II, en el vientre de la ballena

Odisea, de Homero

ese buen caballero

Robert Kennedy Duncan

Juzgamos imposible alcanzar el conocimiento absoluto de la constitución última de la materia. La ciencia es como Palamedes [Palomides], ese “buen caballero” de la novela artúrica que perseguía a la bestia llamada Glatissant.  Ésa era su demanda, como tal inalcanzable; no obstante, cumplir con ella era su empeño, y se aplicaba con denuedo a la labor, a pesar de las cuitas y distracciones que pudieran surgirle en el camino. La naturaleza última de la materia es la demanda que persigue la ciencia.

Kennedy Duncan, Robert, Some chemical problems of today. Harper & Brothers, Nueva York, 1911.

antropónimos, topónimos

Iba a escurrir el bulto con una entrada muy apañada sobre gules o sinoples, que ya toca volver a visitar esas tierras no vaya a ser que me despiste, pero al final he optado por ser valiente y seguir el plan original, que consistía en explicar por qué cuando hablamos de Gawain, Galván, Gauvain o Galvanus no nos referimos a cuatro hermanos que participan en un torneo, sino que hablamos de la misma persona.

La dama de ShalottEn la entrada sobre las tramas del ciclo artúrico ya mencioné que distintas culturas o tradiciones se apropiaron de según qué partes de la leyenda. Pues bien: cada una de ellas adaptó los nombres de los personajes y los lugares (antropónimos y topónimos) para que los lectores pudiesen aprehenderlos con mayor facilidad, hacerlos más familiares, asimilarlos. Y no sólo eso, también las traducciones antiguas impusieron en su época sus propios criterios.

En los esfuerzos de traducción de las principales obras del ciclo artúrico destacan algunos nombres propios. Por criterios de unificación, algunos optaron por mantener los nombres en el original, traduciendo, eso sí, los más conocidos (el rey Arturo y la reina Ginebra nunca son Arthur y Guinevere, aunque en ciertos casos Arturo sea llamado rey Artús). Otros se inclinaron por castellanizarlos.

Carlos Alvar tradujo La Vulgata (hablamos de la versión francesa del asunto) en la década de 1980. El criterio que empleó lo resume la siguiente frase que cito a continuación, incluida en la introducción de Lanzarote del Lago, La reina del gran sufrimiento, primer volumen de los 7 que componen la edición de Alianza del Lanzarote en prosa:

En general he mantenido los nombres propios, unificando las grafías, de acuerdo con la forma original, aunque he castellanizado los más conocidos.

Más adelante, en su introducción de La muerte de Arturo, obra con la que concluye La Vulgata, dice Alvar:

Por lo general he castellanizado los nombres propios cuando aparecen con cierta frecuencia; en caso contrario, los he mantenido con la forma francesa original.

Veo que existe un matiz entre ambas explicaciones, y es que Alvar fue acercándose más al 2º criterio que al primero.

Otros traductores/investigadores han sido más fieles con el texto original: Victoria Cirlot menciona por ejemplo a Gauvain o Lancelot en su extraordinario Figuras del destino, mitos y símbolos de la Europa medieval, publicado por Siruela. Por su parte, Francisco Torres Oliver mantuvo en su momento los nombres originales, castellanizando únicamente los más conocidos, cuando tuvo que trasladar del inglés (y hago hincapié en lo de inglés) La muerte de Arturo, de sir Thomas Malory.

Para Glatissant también he tenido que tomar una decisión que no gustará a todo el mundo. Sin embargo, soy consciente de que es imposible satisfacer todos los gustos. Podría ser fiel al original y, de paso, a Google, lo cual me ayudaría a indexar mejor el blog (la gente tiende a buscar Lancelot en lugar de Lanzarote, y si hacéis una búsqueda en el motor mencionado veréis por qué). Ésa sería sin duda la opción más sencilla, lo cual no tiene nada de malo.

Pero a mí me gusta la complejidad, y este blog es un viaje de descubrimiento. De momento recurriré a la versión más conocida de antropónimos y topónimos para las etiquetas, pero en el texto de las entradas optaré por la opción alvariana (siempre y cuando sea capaz de dar con ella, porque a veces hay que indagar mucho). Poco a poco nos iremos familiarizando con las distintas versiones, y si menciono una realmente rebuscada procuraré aclararla entre paréntesis o a pie de entrada.

escudo, blasón

Dice Juan Eduardo Cirlot en su extraordinario e inspirador Diccionario de símbolos:

… el escudo exhibe; por esto ya desde la Antigüedad fue el lugar donde el guerrero disponía el emblema que juzgaba serle característico y que, entre los siglos XI y XIII, se convirtió en blasón heráldico, hereditario.

Acudo al diccionario de la RAE para aclarar tres de los términos introducidos en la cita de JEC, y expongo mi recorrido paso a paso para que veáis que soy honesto con esto que escribo:

escudo de armas.

m. Heráld. Campo, superficie o espacio de distintas formas en que se representan los blasones de un Estado, población, familia, corporación, etc.

Perfectamente claro. El escudo de armas es el espacio. El lienzo.

emblema.
(Del lat. emblēma, y este del gr. ἔμβλημα, adorno superpuesto.)

  1. m. Jeroglífico, símbolo o empresa en que se representa alguna figura, al pie de la cual se escribe algún verso o lema que declara el concepto o moralidad que encierra. U. t. c. f.
  2. m. Cosa que es representación simbólica de otra.

Me quedo con la segunda acepción. Aunque la primera…

blasón.
(Del fr. blason).

  1. m. Arte de explicar y describir los escudos de armas de cada linaje, ciudad o persona.
  2. m. Cada figura, señal o pieza de las que se ponen en un escudo.

De modo que «blasón» es tanto el arte de explicar y describir los escudos de armas, como cada figura, señal o pieza que lo componen.

Es fácil llegar a la conclusión de que el blasón heráldico es una de las primeras muestras de lo que actualmente conocemos por «imagen de marca», un logotipo, un distintivo, en este caso formado únicamente por imágenes (aunque a veces se incluyeran lemas), útil para distinguir al caballero, separarlo de los demás, y que asimismo puede identificar otras ideas y entidades.

Lanzarote (campo de plata con bandas de gules) riñe con Tristán (campo de sinople con león rampante de oro)

Pienso que es importante que aprendamos a movernos entre los escudos de armas de los compañeros de la Tabla Redonda, puesto que haré mención de ellos a menudo, así que empezaré por algo sencillo. No será necesario profundizar mucho, pues nos alejaríamos de la demanda de este espacio, pero en futuras entradas de Heráldica en Artúrica iremos viendo uno por uno los colores y metales, así como otros detalles, hasta familiarizarnos con el lenguaje, o, al menos, hasta que dispongamos de una serie de enlaces adonde recurrir.

Cinco son los colores principales (llamados esmaltes) que hallamos en el arte heráldico:

  • gules, sinople, azur, púrpura, sable

Y dos son los llamados metales que complementan a los esmaltes:

  • plata, oro

A continuación listo los enlaces internos de los metales y esmaltes completados hasta la fecha: sinople, azur,

En la imagen, Lanzarote del Lago se enfrenta a Tristán de Leonís: En el escudo del primero tenemos bandas de gules sobre campo de plata, mientras que en el de su adversario figura un león rampante en oro sobre campo de sinople.

la vulgata

La Vulgata es una extensa obra en prosa escrita en francés, que se remonta a la primera mitad del siglo XIII. Constituye uno de los principales corpus narrativos que componen la materia de Bretaña. También es conocida como «Lanzarote en prosa», «Lancelot-Graal» o ciclo de «Pseudo-Map» (debido a que en el propio texto se atribuía falsamente la autoría a Walter Map, un historiador medieval que ya había fallecido cuando se escribió).

El nudo de la acción se centra en las peripecias caballerescas de Lanzarote del Lago y su relación con la reina Ginebra. Esta historia desemboca en la búsqueda del Grial (el otro gran motivo del ciclo), y, finalmente, en la muerte del rey Arturo, que marca el fin de las aventuras de los compañeros de la Tabla Redonda. Se diferencian dentro de la Vulgata la siguientes obras:

  • La historia de Lanzarote (parte más larga del ciclo)
  • La búsqueda del Santo Grial (Queste del saint Graal)
  • La muerte de Arturo (La mort Artu)

Algo más tarde se le sumaron otros dos títulos. La acción de estos, sin embargo, precede cronológicamente a La historia de Lanzarote. Se trata de:

  • Historia del Santo Grial (Estoire del saint Graal)
  • Historia de Merlín (Estoire de Merlin)

Lanzarote rescata a la reina Ginebra

Aunque se considera que la obra es anónima, existe polémica entre los investigadores, pues hay quienes apuntan la posibilidad de que existiera un «arquitecto común», cuya labor consistió en dirigir el proyecto y unificar criterios en las tres primeras obras del ciclo; después, otro autor, o autores, se encargaron de respetar la labor de este arquitecto para la redacción de las obras que las precederían cronológicamente. La complejidad del ciclo de la Vulgata es el argumento esgrimido por ambos bandos para defender sus respectivas teorías: los que aseguran que una obra tan compleja tan sólo pudo salir de la pluma de un único autor, y quienes se aferran a esa complejidad para justificar la existencia de un coordinador que escribió buena parte del Lanzarote y estableció las pautas del resto de la obra.

La variedad de la trama es fruto de la técnica empleada, conocida por el nombre de entrelacement (entrelazado). Carlos Alvar, traductor de la obra al español, escribe en la introducción del primer volumen:

La obra que nos ocupa pone en movimiento alrededor de cuatrocientos caballeros, ermitaños, enanos, damas y doncellas anónimos; muchos de ellos no son más que presencias momentáneas, pero son muy numerosos los que aparecen y reaparecen cuando sus huellas y sus recuerdos ya se habían borrado, estableciéndose de este modo un complejo trenzado de aventuras y situaciones, que confieren a la obra una estructura muy característica…

En futuras entradas hablaré de las ediciones española y anglosajona (esta última anotada), así como de la Post-Vulgata.

libro I: en la linde del bosque

Nada interesante vieron hasta que rompió el alba, que dejó al descubierto un prometedor mundo de aventuras: un bosque verde y denso cuyo perfil se recortaba contra el horizonte.

parte I_linde del bosque

Los hechos del rey Arturo y sus nobles caballeros, de John Steinbeck.