Archivos del Mes para Mayo, 2010

rumbo a avalón

rumbo a Avalón

… Entonces sir Beduier cargó al rey a cuestas y se dirigió a la orilla. Y cuando alcanzaron la orilla vieron una modesta falúa con varias damas de gran belleza a bordo, y había una reina entre ellas, y todas iban cubiertas con rebozo negro, y al ver al rey Arturo lloraron y gimieron de pena.

—Embárcame en esa falúa —ordenó el rey, y eso fue lo que hizo Beduier [Bedevere, Bedivere, Bedwyr] con gran cuidado. A bordo lo recibieron tres reinas con grandes muestras de dolor, y lo tumbaron en la madera, y fue en uno de sus regazos donde el rey Arturo apoyó la cabeza.

—Ay, querido hermano, ¿por qué te has demorado tanto? Mucho me temo que esta herida tuya se ha enconado —lamentó la reina.

Sir Bedivere vio alejarse a las damas mientras se apartaban de la orilla a fuerza de remo. Entonces exclamó:

—Ay, mi señor Arturo, ¿qué va a ser de mí ahora que os alejáis, dejándome aquí solo y a merced del enemigo?

—Ten coraje —respondió el rey—, y sé tan verdadero como puedas, pues ya nadie puede depender de mí. Me dirijo al valle de Avilion [Avalón] para sanar de mi dolorosa herida. Y si nunca vuelves a oír hablar de mí, reza por mi alma.

Las reinas y damas no habían dejado de derramar sus lágrimas, tales eran sus muestras de dolor que resultaba penoso oírlas. Y en cuanto sir Beduier perdió de vista la falúa, lloró y se lamentó …

Cutler, U. Waldo, Stories of King Arthur and his Knights. George G. Harrap, Londres, 1905.

esmaltes, azur

Sigo trabajando un poco la subcategoría de Artúrica dedicada a la Heráldica con una serie de breves apuntes sobre esmaltes y metales, con tal de disponer en el futuro de las herramientas necesarias para afrontar una explicación del blasón. Hoy le toca el turno al azur heráldico, esmalte (o sea, color) que en definitiva corresponde al azul de siempre. Pero antes de repetir definiciones voy a ceñirme al plan de recurrir a la definición de la RAE:

azur.azur

(Del fr. azur).

1. adj. Heráld. Dicho de un color heráldico: Que en pintura se representa con el azul oscuro, y en el grabado, por medio de líneas horizontales muy espesas.


Tal vez las líneas del diagrama de la derecha no sean «muy espesas», pero sirve para haceros a la idea. Doy gracias al usuario de Wikipedia que ha realizado estas ilustraciones y ha renunciado a sus derechos de autor para que todo el mundo pueda utilizarlas sin permiso previo, por lo mucho que me facilita estas entradas.

Su significado emblemático pretende abarcar los siguientes valores: nobleza (por algo es el color de la realeza francesa, o de la orden militar inglesa de la Jarretera), caridad, templanza, tesón, belleza, piedad.

Nada menos que el rey Arturo (en una de las versiones de su escudo más extendidas) tiene el campo del blasón en azur, y también su hermano de leche, sir Keu [Key], el senescal, e Yvaín [Yvain], el llamado caballero del león, protagonista de la novela de Chrétien de Troyes Li chevaliers au lion (Yvain).

Como es costumbre menciono que el Wikiproyecto (http://tinyurl NULL.com/275gj3c) de ilustración/taller de Heráldica ha establecido las siguientes convenciones para el azur, equivalencias en código HTML y en el modelo RGB:

HMTL: #0071bc
RGB: 0;113;188

Y listo a continuación los enlaces de entradas relacionadas con esmaltes y metales, por si fuera necesaria una referencia rápida:

howard pyle

The Nation Makers

Supongo que no sólo sería justo considerar a Howard Pyle, nacido en los EE.UU., en el estado de Delaware, el padre de la ilustración norteamericana (como suele considerársele), sino también un cruce de caminos en el campo al que dedicó su carrera.

Hijo de una familia de cuáqueros, Pyle alcanzó un relativo éxito tras mudarse a Nueva York para ampliar estudios a los veintitrés años y, tal como hicieron muchos artistas de la época, buscar trabajo en el terreno de la ilustración con tal de financiarse la carrera de pintor. No tardó en recibir encargos de las principales publicaciones del momento, entre las cuales encontramos Cosmopolitan, Harper’s Weekly, Harper’s Monthly y Scribner’s.

Regresó a su estado natal con una idea bastante aproximada de las exigencias que imponía el mercado, y también de la que se avecinaba: Pyle preveía que en un futuro no muy lejano habría una amplia demanda de ilustradores debida a los avances de las técnicas de impresión y la proliferación de publicaciones. Dichos ilustradores necesitarían dominar un amplio espectro de técnicas y herramientas, ser auténticos hombres del Renacimiento. ¿Qué fue lo que hizo?

Howard Pyle en 1897Se puso a dar clases. Dicen que nunca cobró un céntimo de dólar por enseñar. No sé si será verdad, pero qué diablos, a mí me parece una buena historia.

Una de las cosas que más sorprenden es pensar en la cantidad de buenos artistas que se formaron bajo la tutela de este señor en lo que se vino a conocer como la Escuela de Brandywine. Tenemos, claro está, a N.C. Wyeth, de quien ya escribí algo en una entrada anterior, pero también nombres tan conocidos como Maxfield Parrish y Frank Schoonover. No sólo artistas masculinos, puesto que del centenar de ilustradores que pasaron por sus manos el cuarenta por ciento fueron mujeres (destacan Elizabeth Shippen Green, Violet Oakley y Jessie Wilcox Smith, trío conocido por el apodo «The Red Rose Girls»), y eso que por aquel entonces no era habitual que las mujeres estudiasen para convertirse en ilustradoras comerciales.

Cuentan que Vincent van Gogh coleccionaba recortes de las ilustraciones que Pyle publicó en Harper’s.

Aparte de su faceta de profesor, como profesional dominaba diversas técnicas. Era capaz de imprimir una gran fuerza a las imágenes (basta con ver la que encabeza esta entrada), y como ya va siendo hora de incluir alguna más hay que admitir que las suyas de piratas son bastante famosas.

Abandonado, de Howard Pyle

También escribió, y mucho; empezó con un libro estupendo dedicado a Robin Hood que aquí publica Anaya en la colección Tus Libros, y con el tiempo se dedicaría a reescribir las aventuras que nos ocupan, las del rey Arturo y sus caballeros. Lo hizo con la pasión y el vigor que lo caracterizaban, libros para jóvenes, rebajando tal vez el tono de los temas más comprometidos del ciclo, pero contando la historia de principio a fin, influenciada por la tardía versión de sir Thomas Malory.

  • The Story of King Arthur and his Knights, 1903
  • The Story of the Champions of the Round Table, 1905
  • The Story of Sir Launcelot and his Companions, 1907
  • The Story of the Grail and the Passing of Arthur, 1910

Iseo la Rubia, de Howard PyleY lo mejor de todo es que estas novelas, cuyo lenguaje no era precisamente fácil (corrían otros tiempos y los jóvenes no temían, supongo, enfrentarse a lecturas difíciles), incluyen abundantes ilustraciones suyas, y así fue cómo nos legó retratos de los personajes principales, de Lanzarote, de Galván, de Tristán de Leonís, por citar algunos. Y también el de Iseo la Rubia, que incluyo.

Ya veterano, decidió que poco iba a aprender donde vivía, razón por la que embarcó a toda su familia en un viaje que lo llevó a conocer y estudiar en profundidad a los grandes maestros clásicos. Murió en Florencia en 1911. No había cumplido los sesenta años, pero había dejado un legado que aún hoy, tras varias generaciones, perdura.

Como viene siendo costumbre, reservo este espacio final para advertir a los fieles de la búsqueda de la fabulosa Bestia Aulladora que ésta no será la última entrada que dedique a mostrar la parte artúrica de la obra de este gran ilustrador.

la post-vulgata

Recuperada gracias a las versiones española y portuguesa (a pesar de lo cual no se conserva intacta), la Post-Vulgata se escribió poco después de la Vulgata, en torno a 1230-40.

Al contrario de lo que indica su nombre no se trata de una continuación, pues el ciclo artúrico concluye con la muerte de Arturo y el fin de la edad de oro de la caballería, por mucho que otros autores modernos se hayan esforzado en ir más allá.

caballero lanza en altoLa estructura de la obra recuerda la de la Vulgata, pero en realidad, para resumirlo, se trata de una reescritura que obvia el relato de Lanzarote, la parte principal de la obra original, en su empeño por bascular el protagonismo del romance entre la reina Ginebra y el caballero de Gaula a la figura del rey Arturo, con objeto de restar importancia a la relación adúltera y concentrar la atención del lector en el santo Grial.

Se reconocen las siguientes partes: Historia del santo Grial, Historia de Merlín, Demanda del santo Grial y La muerte de Arturo, ésta última muy retocada respecto a su equivalente de la Vulgata.

La estructura de la Post-Vulgata es más compacta, pero su estilo y el fondo carecen de la riqueza narrativa de la obra que reinterpreta, quizá por los temas que evita, por la ausencia del juego que deriva de la relación, el contacto, entre los motivos paganos y los sacros, por el énfasis en el hecho de que todo lo malo que sucede supone un castigo divino por los pecados, se cometan aposta o involuntariamente.