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la bestia según Malory

Y allí acudió a él la esposa del rey Lot de Orkney, en manera de embajada, aunque era enviada para que espiase la corte del rey Arturo; y llegó ricamente ataviada, con sus cuatro hijos: Gawain, Gaheris, Agravain y Gareth, con muchos otros caballeros y damas. Y como era muy hermosa dama, el rey concibió gran amor por ella, y deseó yacer con ella. Y acordados ambos, engendró en ella a Mordred, siendo como era su hermana, por parte de la madre, Igraine. Y permaneció ella un mes, y finalmente partió.

Entonces el rey tuvo un sueño maravilloso del que se sintió muy espantado (pero en todo este tiempo el rey Arturo no sabía que la mujer del rey Lot era su hermana). Éste fue el sueño de Arturo:

Imaginó que entraban en esta tierra grifos y serpientes, y que quemaban y mataban a toda la gente; después imaginó que luchaba con ellos, y que le infligían muchísimo daño, y le herían dolorosamente; pero al final los mataba.

Arturo y la Bestia AulladoraCuando el rey despertó, se sintió muy afectado por el sueño; y para apartarlo de su pensamiento, se aprestó con muchos caballeros a salir a montear.

Y estando así sentado, le pareció oír voces de perros, como de unos treinta. Y en eso vio venir hacia él a la más extraña bestia que había visto ni oído nombrar. Se acercó la bestia a la fuente a beber, y el ruido que salía de su vientre era como el gañido de treinta pares de perros; pero todo el tiempo que la bestia estuvo bebiendo no salió estruendo ninguno de su vientre; y seguidamente partió la bestia con gran ruido, de lo que tuvo el rey gran maravilla. Y se quedó ensimismado, y poco después le venció el sueño. Y llegó seguidamente un caballero a pie a donde estaba Arturo, y le dijo:

—Caballero absorto y somnoliento, dime si has visto pasar por aquí una bestia extraña.»

Malory, Thomas, La muerte de Arturo, Libro I, capítulo 19, Ediciones Siruela, 2005 (trad. Francisco Torres Oliver).

dos * uno

Hoy en Arte, dos ilustraciones que anuncian futuras entradas de Artúrica, obra ambas de Aubrey Beardsley, a quien ya tuvimos ocasión de conocer.

Por un lado, una doble página titulada Iseo la Rubia en la Alegre Guardia [Giosa Guardia, Joyous Guard].

iseo en la alegre guardia

Por otra, Merlín y la dama del lago con quien se le asocia, Niniana [Nimue].

merlín y niniana

antropónimos, topónimos

Iba a escurrir el bulto con una entrada muy apañada sobre gules o sinoples, que ya toca volver a visitar esas tierras no vaya a ser que me despiste, pero al final he optado por ser valiente y seguir el plan original, que consistía en explicar por qué cuando hablamos de Gawain, Galván, Gauvain o Galvanus no nos referimos a cuatro hermanos que participan en un torneo, sino que hablamos de la misma persona.

La dama de ShalottEn la entrada sobre las tramas del ciclo artúrico ya mencioné que distintas culturas o tradiciones se apropiaron de según qué partes de la leyenda. Pues bien: cada una de ellas adaptó los nombres de los personajes y los lugares (antropónimos y topónimos) para que los lectores pudiesen aprehenderlos con mayor facilidad, hacerlos más familiares, asimilarlos. Y no sólo eso, también las traducciones antiguas impusieron en su época sus propios criterios.

En los esfuerzos de traducción de las principales obras del ciclo artúrico destacan algunos nombres propios. Por criterios de unificación, algunos optaron por mantener los nombres en el original, traduciendo, eso sí, los más conocidos (el rey Arturo y la reina Ginebra nunca son Arthur y Guinevere, aunque en ciertos casos Arturo sea llamado rey Artús). Otros se inclinaron por castellanizarlos.

Carlos Alvar tradujo La Vulgata (hablamos de la versión francesa del asunto) en la década de 1980. El criterio que empleó lo resume la siguiente frase que cito a continuación, incluida en la introducción de Lanzarote del Lago, La reina del gran sufrimiento, primer volumen de los 7 que componen la edición de Alianza del Lanzarote en prosa:

En general he mantenido los nombres propios, unificando las grafías, de acuerdo con la forma original, aunque he castellanizado los más conocidos.

Más adelante, en su introducción de La muerte de Arturo, obra con la que concluye La Vulgata, dice Alvar:

Por lo general he castellanizado los nombres propios cuando aparecen con cierta frecuencia; en caso contrario, los he mantenido con la forma francesa original.

Veo que existe un matiz entre ambas explicaciones, y es que Alvar fue acercándose más al 2º criterio que al primero.

Otros traductores/investigadores han sido más fieles con el texto original: Victoria Cirlot menciona por ejemplo a Gauvain o Lancelot en su extraordinario Figuras del destino, mitos y símbolos de la Europa medieval, publicado por Siruela. Por su parte, Francisco Torres Oliver mantuvo en su momento los nombres originales, castellanizando únicamente los más conocidos, cuando tuvo que trasladar del inglés (y hago hincapié en lo de inglés) La muerte de Arturo, de sir Thomas Malory.

Para Glatissant también he tenido que tomar una decisión que no gustará a todo el mundo. Sin embargo, soy consciente de que es imposible satisfacer todos los gustos. Podría ser fiel al original y, de paso, a Google, lo cual me ayudaría a indexar mejor el blog (la gente tiende a buscar Lancelot en lugar de Lanzarote, y si hacéis una búsqueda en el motor mencionado veréis por qué). Ésa sería sin duda la opción más sencilla, lo cual no tiene nada de malo.

Pero a mí me gusta la complejidad, y este blog es un viaje de descubrimiento. De momento recurriré a la versión más conocida de antropónimos y topónimos para las etiquetas, pero en el texto de las entradas optaré por la opción alvariana (siempre y cuando sea capaz de dar con ella, porque a veces hay que indagar mucho). Poco a poco nos iremos familiarizando con las distintas versiones, y si menciono una realmente rebuscada procuraré aclararla entre paréntesis o a pie de entrada.

aubrey beardsley

La dama del lago recupera Excalibur

De niño fue músico prodigio, pero por suerte acabó dedicando seis años, los últimos de su corta vida, a la ilustración. Aubrey Beardsley nació en 1872 y murió de tuberculosis en 1898, después de convertirse al catolicismo y de mucho perseguir a su editor para que retirase aquellas de sus obras que consideraba menos recatadas. (Digo yo que la práctica totalidad.)

En cuanto al estilo, puestos a poner etiquetas, podemos considerarlo adscrito al movimiento Art Noveau. Quizá entre sus obras más famosas se cuenten las ilustraciones para la obra Salomé, escrita por Oscar Wilde. Hizo incluso caricaturas de corte político, faceta esta que no es muy conocida.

The Yellow BookColaboró en prensa. Dirigió por ejemplo la parte artística de The Yellow Book, la publicación literario-cultural más influyente de la última década del siglo XIX, que entre otras contó con colaboraciones de un futuro premio Nobel como el poeta W.B. Yeats, el novelista H.G. Wells y el crítico y narrador Henry James. Beardsley colaboró durante cuatro números, hasta que en 1895 el escándalo que llevó a Wilde a la cárcel lo salpicó por asociación —ni siquiera eran amigos—, y el editor lo puso de patitas en la calle.

En su estilo, caracterizado por la influencia del dibujo japonés y el contraste entre imponentes manchas de blanco y negro (la mayoría de sus ilustraciones son en tinta negra), destaca el trazo erotizante (pongámonos en situación: hablamos de la época victoriana). En cuanto a la elección de temas se movió principalmente en el terreno de la mitología y la fantasía, y sirvió de influencia para los grandes cartelistas de finales del siglo XIX, los simbolistas franceses y el resto de los artistas del Art Noveau. Junto a Arthur Rackham está considerado el ilustrador más importante de su época.

Aubrey BeardsleySu presencia en Glatissant la debemos al primer encargo de calado que recibió, una serie de ilustraciones para una edición publicada en 1893 de La muerte de Arturo, de sir Thomas Malory, último corpus principal del ciclo artúrico antes de que podamos hablar de obras mucho más modernas. Beardsley estuvo completamente volcado en esta labor, a la que dedicó nada menos que dieciocho meses de trabajo.

Aquí Siruela publicó en español una versión (http://tinyurl NULL.com/yeap9ks) para jóvenes de este clásico, escrita por Roger Lancelyn Green, que incluye como valor añadido las ilustraciones artúricas de Aubrey Beardsley, de quien os pido que no os olvidéis puesto que no será la última vez que lo veamos por aquí.