verde agua

No sé qué hacemos ahí, pero es bonito estar con ella. Otra vez. Cuando me alcanza el mal olor del agua estancada me arrimo a su cabello. Me gusta cuando deja ese olor en la almohada. Cuando se marcha duermo abrazado a ella,

y es su olor lo que me envuelve los sueños.

alfa El agua tiene el color del amor. Echa la vista atrás y me invita a dar un paseo. Cogidos de la mano, a veces me adelanto y la ayudo a saltar un obstáculo, pero no porque sea débil: Una vez me salvó la vida después de bajar una pendiente que de pronto se volvió muy pronunciada; me bastó con verla tan dispuesta a ayudar para comprender que no era para tanto. Y entonces

subí hasta donde estaba ella y de nuevo me puse en pie.

Cuando dejamos atrás el lago penetramos en la espesura de un bosque que lo es todo. Al principio no es tan denso como para que las copas de los árboles enfríen el ambiente. Paramos un rato y nos sentamos a descansar, pero se levanta el aire y ella me dice:

Volvamos. Allí hay más luz.

Después de mucho andar no logramos dar con la orilla que baña el agua, ni con el fondo que es verde y opaco, un fondo opaco del que nada distinguiríamos si estuviéramos allí.

Entonces la luz bosteza. Somnolienta.

Atardece.

Me asalta el pensamiento de que nuestro extravío debe de ser como el amor. Si por algo se caracteriza es por ser frágil. Su sustento lo es, lo son los hilos que se parten sin hacer ruido, y lo son los recuerdos que lo envuelven. Todas esas personas que olvidan. Todas esas personas que olvidas. Y los olores y las cosas. Los besos robados. Los otros. Los dados.

Los besos que te dieron. Los que te robaron.

Hay un punto en la distancia donde el agua titila tras los arbustos y las cañas. Más allá del viento que nos hiere entre las hojas y la copas de los árboles, cada vez más espesas, el sol apenas nos consuela del frío. Mi amiga la escultora ha moldeado formas hermosas; ha cortado la madera con toda clase de sierras; ha limado superficies con paciencia y tesón. Ha creado en su vida muchas cosas con las manos, y ahora las tiene cubiertas de arañazos.

Tropieza y cae. La bruma nos envuelve cuando la alcanzo. No sé por qué me he separado de ella. Me dice:

Ayúdame a llegar.

omegaMe rodea los hombros con el brazo y apoya parte del peso en mí. Doy por sentado que se ha hecho daño al caer, pero no pregunto. El tobillo, supongo. No lo sé. Nuestra andadura pierde fuerzas mientras me pregunto adónde se supone que vamos. Tengo que concentrarme y recordar. Recordar, sin ir más lejos, qué hacemos ahí.

Personas que olvidan. Personas que olvidas.

Pero los ladridos no ayudan. Cada vez están más cerca. Ensordecedores. Crispa la mano en mi hombro y se vuelve hacia mí con un ruego en la voz:

La orilla.

Seguimos adelante mientras susurra una y otra vez lo mismo, pero por mucho que insiste no sé en qué dirección está

l a  o r i l l a

la orilla

la orilla…

2 Respuestas a “verde agua”


  • King Pellinore du Lac

    Ah! Fiel escudero, lo que me contais me recuerda nuestro viaje hacia Tintagel a traves de Avalon, recordais? la Isla de Lady Lile de Avalon, en medio de ese lago de aguas verdes y tranquilas, como espejo de agua. Esa hierba verde llegando hasta la orilla, suave, sus tallos acariciando los pies. Y llegando a la orilla, esa barca sin barquero que nos conducia hacia la isla cercada por encinas frondosas por las que sobresalia la torre, blanco, apuntando al cielo, noventa pies de marmol argentino. Y en su interior el Juramento y la espada con cabeza de dragon.

  • Cuántas aventuras vividas, y cuántas por vivir, sire.

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