todo su mundo

Nada más sacarlo del agua, el anciano le preguntó qué era lo que buscaba. Cuando vio que el joven no respondía (no dice gran cosa; no habla mucho: en realidad, nadie recuerda cuándo fue la última vez que habló) le dijo: «Alcánzame eso de ahí.» El joven miró a su alrededor con extravío, solo que estaba tragando agua y había en su expresión un extravío mayor del que sugiere esa palabra. Había urgencia. Miedo. Sus ojos eran como huevos agujereados. Cuando quiso obedecer se dibujaron los objetos a su alrededor, flotando.

—Recoge todo eso, anda. Yo te ayudo. —Y al ver la expresión perdida del joven, añadió—: Sé lo que estás pensando. Si no puedes librarte de las cosas intangibles, ¿cómo ibas a separarte de todo lo que puede tocarse?

filigrana hpyle

—Alcánzame eso de ahí —dice el anciano, agachado ante la leña.

El joven mira en derredor con cara de pasmo, como si no supiera qué le piden. Hay una tina agujereada, tres o cuatro baldes mal apilados, odres vacíos, una carretilla, tierra y guijarros en el suelo. Herramientas. No entra mucha luz en el cobertizo porque afuera el sol es una circunferencia blanca tras la capa de nubes.

Una salamandra se escurre entre las rocas que bordean el huerto.

—El azadón, muchacho, el azadón.

Ah, y apesta a pescado.

Todo su mundo apesta a pescado.

0 Respuestas a “todo su mundo”


Actualmente los comentarios están cerrados.