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amite de corbenic

Sirva esta entrada para inaugurar una nueva subcategoría en Artúrica, titulada Nombres propios, cuyo objetivo consiste en aportar breves apuntes sobre personajes, hechos y lugares del ciclo artúrico. Es una de las principales novedades que quería introducir de cara al nuevo curso, que se inicia en septiembre. De aquí a entonces mucho me temo que todas las entradas están escritas de antemano y programadas, porque no sé muy bien cuándo regresaré.

elaine de astolat

Pero no voy a empezar con un caballero, sino con una dama y un castillo, un bebedizo que lleva a engaños, y la concepción del caballero que encontrará el santo Grial. Casi nada.

Hija del buen rey Pelés (el rey Pescador, uno de los guardianes nada menos que del santo Grial), Amite es conocida también como Elaine de Corbenic. No confundir con Elaine de Astolat, quien en obras posteriores encontramos convertida en la dama de Shalott del famoso poema de Tennyson y de la imaginería prerrafaelista, la misma que, tras enamorarse de Lanzarote, muere de pena por su amor no correspondido, dejándose llevar las aguas del río hasta la corte de Camelot.

Insisto. Ambas Elaines no son una y la misma, a pesar de:

  • Tener el mismo nombre de pila.
  • Estar vinculadas con Lanzarote.
  • La evidente intención de los diversos autores por confundirnos.

Todas las versiones cuentan más o menos la misma historia acerca de Elaine de Corbenic [Carbonek]. Corbenic es el castillo de las Aventuras, un lugar espléndido (para encontrar un castillo igual, nos dice Chrétien de Troyes en su Perceval, hay que ir a la mismísima Beirut) situado físicamente en las tierras de Listenois. El nombre de este lugar podría provenir del francés cor benoit, «cuerpo bendito», y estoy insistiendo tanto con él porque es el castillo del santo Grial.

Pues bien, según nos cuenta la Vulgata Lanzarote se dejó caer por esos lares, y allí yació con Amite gracias a un bebedizo mágico, cuyo efecto consistió en confundirlo para que la tomara por la reina Ginebra. Aquí «yacer» se entiende en su acepción de «tener trato carnal con alguien». La unión de ambos acarrea una montaña de problemas para Lanzarote por parte de la celosa Ginebra, aunque por otro lado Amite alumbra a Galaz [Galahad], el caballero celeste que acabaría convertido en pieza clave para la obtención del santo cáliz.

La ilustración que encabeza esta entrada corresponde, sin embargo, a la otra Elaine, la de Astolat. Si las innumerables manos que tejieron los relatos artúricos crearon a las dos Elaines enamoradas, o relacionadas, con Lanzarote, y en la búsqueda de sus hechos y orígenes he tenido que recurrir a tantas fuentes distintas para asegurarme de no meter la pata, ¿por qué no aportar mi granito de arena para descolocar también al lector?

la post-vulgata

Recuperada gracias a las versiones española y portuguesa (a pesar de lo cual no se conserva intacta), la Post-Vulgata se escribió poco después de la Vulgata, en torno a 1230-40.

Al contrario de lo que indica su nombre no se trata de una continuación, pues el ciclo artúrico concluye con la muerte de Arturo y el fin de la edad de oro de la caballería, por mucho que otros autores modernos se hayan esforzado en ir más allá.

caballero lanza en altoLa estructura de la obra recuerda la de la Vulgata, pero en realidad, para resumirlo, se trata de una reescritura que obvia el relato de Lanzarote, la parte principal de la obra original, en su empeño por bascular el protagonismo del romance entre la reina Ginebra y el caballero de Gaula a la figura del rey Arturo, con objeto de restar importancia a la relación adúltera y concentrar la atención del lector en el santo Grial.

Se reconocen las siguientes partes: Historia del santo Grial, Historia de Merlín, Demanda del santo Grial y La muerte de Arturo, ésta última muy retocada respecto a su equivalente de la Vulgata.

La estructura de la Post-Vulgata es más compacta, pero su estilo y el fondo carecen de la riqueza narrativa de la obra que reinterpreta, quizá por los temas que evita, por la ausencia del juego que deriva de la relación, el contacto, entre los motivos paganos y los sacros, por el énfasis en el hecho de que todo lo malo que sucede supone un castigo divino por los pecados, se cometan aposta o involuntariamente.

antropónimos, topónimos

Iba a escurrir el bulto con una entrada muy apañada sobre gules o sinoples, que ya toca volver a visitar esas tierras no vaya a ser que me despiste, pero al final he optado por ser valiente y seguir el plan original, que consistía en explicar por qué cuando hablamos de Gawain, Galván, Gauvain o Galvanus no nos referimos a cuatro hermanos que participan en un torneo, sino que hablamos de la misma persona.

La dama de ShalottEn la entrada sobre las tramas del ciclo artúrico ya mencioné que distintas culturas o tradiciones se apropiaron de según qué partes de la leyenda. Pues bien: cada una de ellas adaptó los nombres de los personajes y los lugares (antropónimos y topónimos) para que los lectores pudiesen aprehenderlos con mayor facilidad, hacerlos más familiares, asimilarlos. Y no sólo eso, también las traducciones antiguas impusieron en su época sus propios criterios.

En los esfuerzos de traducción de las principales obras del ciclo artúrico destacan algunos nombres propios. Por criterios de unificación, algunos optaron por mantener los nombres en el original, traduciendo, eso sí, los más conocidos (el rey Arturo y la reina Ginebra nunca son Arthur y Guinevere, aunque en ciertos casos Arturo sea llamado rey Artús). Otros se inclinaron por castellanizarlos.

Carlos Alvar tradujo La Vulgata (hablamos de la versión francesa del asunto) en la década de 1980. El criterio que empleó lo resume la siguiente frase que cito a continuación, incluida en la introducción de Lanzarote del Lago, La reina del gran sufrimiento, primer volumen de los 7 que componen la edición de Alianza del Lanzarote en prosa:

En general he mantenido los nombres propios, unificando las grafías, de acuerdo con la forma original, aunque he castellanizado los más conocidos.

Más adelante, en su introducción de La muerte de Arturo, obra con la que concluye La Vulgata, dice Alvar:

Por lo general he castellanizado los nombres propios cuando aparecen con cierta frecuencia; en caso contrario, los he mantenido con la forma francesa original.

Veo que existe un matiz entre ambas explicaciones, y es que Alvar fue acercándose más al 2º criterio que al primero.

Otros traductores/investigadores han sido más fieles con el texto original: Victoria Cirlot menciona por ejemplo a Gauvain o Lancelot en su extraordinario Figuras del destino, mitos y símbolos de la Europa medieval, publicado por Siruela. Por su parte, Francisco Torres Oliver mantuvo en su momento los nombres originales, castellanizando únicamente los más conocidos, cuando tuvo que trasladar del inglés (y hago hincapié en lo de inglés) La muerte de Arturo, de sir Thomas Malory.

Para Glatissant también he tenido que tomar una decisión que no gustará a todo el mundo. Sin embargo, soy consciente de que es imposible satisfacer todos los gustos. Podría ser fiel al original y, de paso, a Google, lo cual me ayudaría a indexar mejor el blog (la gente tiende a buscar Lancelot en lugar de Lanzarote, y si hacéis una búsqueda en el motor mencionado veréis por qué). Ésa sería sin duda la opción más sencilla, lo cual no tiene nada de malo.

Pero a mí me gusta la complejidad, y este blog es un viaje de descubrimiento. De momento recurriré a la versión más conocida de antropónimos y topónimos para las etiquetas, pero en el texto de las entradas optaré por la opción alvariana (siempre y cuando sea capaz de dar con ella, porque a veces hay que indagar mucho). Poco a poco nos iremos familiarizando con las distintas versiones, y si menciono una realmente rebuscada procuraré aclararla entre paréntesis o a pie de entrada.

la vulgata

La Vulgata es una extensa obra en prosa escrita en francés, que se remonta a la primera mitad del siglo XIII. Constituye uno de los principales corpus narrativos que componen la materia de Bretaña. También es conocida como «Lanzarote en prosa», «Lancelot-Graal» o ciclo de «Pseudo-Map» (debido a que en el propio texto se atribuía falsamente la autoría a Walter Map, un historiador medieval que ya había fallecido cuando se escribió).

El nudo de la acción se centra en las peripecias caballerescas de Lanzarote del Lago y su relación con la reina Ginebra. Esta historia desemboca en la búsqueda del Grial (el otro gran motivo del ciclo), y, finalmente, en la muerte del rey Arturo, que marca el fin de las aventuras de los compañeros de la Tabla Redonda. Se diferencian dentro de la Vulgata la siguientes obras:

  • La historia de Lanzarote (parte más larga del ciclo)
  • La búsqueda del Santo Grial (Queste del saint Graal)
  • La muerte de Arturo (La mort Artu)

Algo más tarde se le sumaron otros dos títulos. La acción de estos, sin embargo, precede cronológicamente a La historia de Lanzarote. Se trata de:

  • Historia del Santo Grial (Estoire del saint Graal)
  • Historia de Merlín (Estoire de Merlin)

Lanzarote rescata a la reina Ginebra

Aunque se considera que la obra es anónima, existe polémica entre los investigadores, pues hay quienes apuntan la posibilidad de que existiera un «arquitecto común», cuya labor consistió en dirigir el proyecto y unificar criterios en las tres primeras obras del ciclo; después, otro autor, o autores, se encargaron de respetar la labor de este arquitecto para la redacción de las obras que las precederían cronológicamente. La complejidad del ciclo de la Vulgata es el argumento esgrimido por ambos bandos para defender sus respectivas teorías: los que aseguran que una obra tan compleja tan sólo pudo salir de la pluma de un único autor, y quienes se aferran a esa complejidad para justificar la existencia de un coordinador que escribió buena parte del Lanzarote y estableció las pautas del resto de la obra.

La variedad de la trama es fruto de la técnica empleada, conocida por el nombre de entrelacement (entrelazado). Carlos Alvar, traductor de la obra al español, escribe en la introducción del primer volumen:

La obra que nos ocupa pone en movimiento alrededor de cuatrocientos caballeros, ermitaños, enanos, damas y doncellas anónimos; muchos de ellos no son más que presencias momentáneas, pero son muy numerosos los que aparecen y reaparecen cuando sus huellas y sus recuerdos ya se habían borrado, estableciéndose de este modo un complejo trenzado de aventuras y situaciones, que confieren a la obra una estructura muy característica…

En futuras entradas hablaré de las ediciones española y anglosajona (esta última anotada), así como de la Post-Vulgata.