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vortiger, el rey traidor

Por Sergio Escuriet.

Como hemos descrito anteriormente, las cuatro partes restantes de la Historia Regum Britanniae son:

  • La conquista romana y sus sucesivos gobernadores.
  • Los bárbaros, con Vortiger [Vortigern], el rey traidor, como tema principal.
  • Los Grandes Días de los reyes britanos, con el clímax artúrico como eje central.
  • La caída del imperio britano, con las pertinentes explicaciones de los grandes pecados cometidos por los últimos reyes britanos y de cómo Dios Nuestro Señor los condenó a perder el paraíso britano.

VortigerPero antes trataremos brevemente aspectos de la primera parte, en concreto los descendientes de Bruto, esto es, sus hijos y sus reinos ya creados a imagen y semejanza de los del Reino Unido: Escocia, Gales e Inglaterra. Esta parte recupera héroes de la leyenda tradicional britana, como el Rey Lear y Brenio, a quien la leyenda oral atribuye la derrota de los Galos e incluso encumbra a la conquista de Roma. Godofredo extiende el trazado de la dinastía hasta Casivelauno, cuya reina es la conocida Boudica.

La segunda parte que trata de los lideres britanos bajo el yugo romano empieza de manera curiosa con una cita de César: «¡Por Hércules! Esos britanos y nosotros, romanos, hemos nacido de la misma sangre, puesto que descendemos del pueblo troyano

Curiosamente, toda la leyenda britana posterior a la invasión normanda del año 1066 guarda un respeto especial hacia todo lo que hacía referencia a la cultura romana, siendo esta etapa una de las más recordadas por todos los escritos de la época. Todo lo romano se vio como contraposición a lo sajón, ambos fueron invasores, pero mientras que los romanos contribuyeron con su cultura, los sajones tan sólo aportaron oscuridad. Así lo consideraron los normandos.

Cuando los romanos abandonaron la isla, dejándola a merced de los invasores, los britanos recurrieron a sus ancestros en Armórica para reclamar la ayuda que Roma les negaba, y esa ayuda llegó en la forma de Constantino, último gobernador romano, quien aceptó el reino de Britania. Fue capaz de contener a las hordas barbarás merced a las buenas enseñanzas guerreras que los romanos habían compartido con los britanos. Los hijos de Constantino fueron Constante, Aurelio Ambrosio y Uterpandragón [Uther Pendragon]. Asesinado Constantino por un picto, y habiendo Constante abrazado la fe, el trono quedaría en manos de Aurelio Ambrosio o Uterpandragón. En este punto es donde entra Vortiger. Vortiger logra convencer a Constante para que acepte el trono, ya que como primogénito le pertenece, y siendo sus hermanos menores de edad el derecho al trono era suyo. Constante dejó el gobierno en manos de Vortiger, sin saber que el verdadero objetivo de este consistía en adueñarse del trono de Britania.

Así las cosas, pactó con los pictos para alcanzar el trono, pero lo asesinaron mientras dormía antes de ser traicionados a su vez por Vortiger, quien los entregó a los britanos. Pero los pictos, enterados de la traición, no tardaron en vengarse y iniciaron la guerra contra las huestes de Vortiger. Viendo los desastres acumulados en diversas batallas, conscientes de que tanto Aurelio Ambrosio como Uterpandragón eran un riesgo a sus designios, Vortiger recurrió a los lideres sajones Horsa y Hengist, que rápidamente acudieron en su ayuda. Una vez derrotados los pictos con la colaboración sajona, estos exigieron a Vortiger tierras donde establecerse, y el rey les concedió grandes extensiones en el sur de Britania.

Aquí entramos ya en la tercera parte de la historia: la reconquista de la isla por parte de Aurelio Ambrosio y Uterpandragón, y la muerte de Vortiger a manos de los hijos de Constantino, tal y como había profetizado Merlín. Los dos hermanos prosiguen su guerra por toda la isla hasta derrotar a todas las huestes sajonas, y luego establecen la paz en Britania mientras Uterpandragón es enviado a Hibernia (Irlanda) en busca de las piedras mágicas del Círculo de los Gigantes, por consejo de Merlín.

Pero la estirpe de Vortiger en la forma de su nieto, Pascencio, no cejaba en su venganza. Tras pactar con el soberano de Hibernia y un séquito de sajones, se propuso dar guerra a Aurelio. Sin embargo, sus huestes no fueron capaces de hacer frente a los ejércitos britanos. Por ello recurrió al asesinato de Aurelio mediante un sajón traidor de nombre Eopa, que tras fingirse britano consiguió entrar en la corte de Aurelio y envenenarlo.

Y así llegó la corona a Uterpandragón, pero eso ya es otra historia.

excalibur

Con el tiempo la importancia que popularmente se le dio a la espada Excalibur superaría a la de su vaina, a pesar de lo que encontramos escrito, por ejemplo, en la versión tardía de Malory (25, I):

Entonces sir Arturo miró su espada, y le agradó mucho.

—¿Qué os gusta más —dijo Merlín—, la espada o la vaina?

—Me gusta más la espada —dijo Arturo.

—Pues andáis desencaminado —dijo Merlín—, porque la vaina vale por diez espadas; pues mientras tengáis la vaina con vos, no perderéis sangre ni seréis herido gravemente; así que guardad bien la vaina siempre con vos.

Excalibur [Caliburnus, Escalibor] no debe confundirse con la espada que Arturo, casi de forma accidental, saca de la piedra para demostrar su derecho al trono, a pesar de que en algunas versiones ambas se consideren una y la misma. Tanto la Post-Vulgata como, posteriormente,  Malory, nos sacan del error.

En Perceval, Chrétien de Troyes se la endosa a Galván [Gauvain, Gawain], y dice de ella:

La mejor espada que existió, que taja el hierro como madera.

También según la tradición que se consulte el nombre tiene un significado u otro. Desde el hebreo «que rompe el hierro, el acero y la madera», hasta la raíz latina (chalybs=acero), a la que recurrió Godofredo de Monmouth para llamarla Caliburnus en su Historia de los reyes de Bretaña, obra de la que hablaré en otra ocasión.

A mí de pequeño —creo que Los hechos del rey Arturo y sus nobles caballeros fue la primera versión que leí del ciclo artúrico— me gustó la interpretación de John Steinbeck, quien creo recordar traducía su nombre como «hecha de piedra».

En otra entrada traduje un pasaje de una de las muchas versiones que se han escrito de la leyenda artúrica que describía la escena en que Arturo, herido de muerte tras la batalla de Salesbieres [Salisbury] que lo enfrenta a su hijo incestuoso Mordred [Mordret], pide a Beduier [Bedivere], que devuelva la espada a la dama del lago.

Otra referencia interna la encontraréis en la ilustración que encabeza el espacio dedicado a Aubrey Beardsley.

Giflete [Girflet] es quien se encarga de la labor en otras versiones, y en la película Excalibur, de John Boorman, la tarea recae sobre Perceval, tal como vemos en el video que incluyo a continuación, y que lamentablemente sólo recoge parte de las idas y venidas, de las dudas del caballero.

Ojo que es el final de la película (lo digo para quienes queráis verla entera y no tengáis ni flores de cómo acaba):

dos * uno

Hoy en Arte, dos ilustraciones que anuncian futuras entradas de Artúrica, obra ambas de Aubrey Beardsley, a quien ya tuvimos ocasión de conocer.

Por un lado, una doble página titulada Iseo la Rubia en la Alegre Guardia [Giosa Guardia, Joyous Guard].

iseo en la alegre guardia

Por otra, Merlín y la dama del lago con quien se le asocia, Niniana [Nimue].

merlín y niniana

pliegues entre aguas

Nos hemos regalado sendos filetones en nuestro Día del solomillo, jornada no apta para vegetarianos con la que celebramos la llegada de la cuaresma. Clara ha preferido quedarse en su casa, cuidando de los niños; del grande, y también del otro, el pequeño.

Tal vez el baño del piso de mi amigo Berto (a mí me gusta la palabra «escusado») sea el rincón menos agradable. Estoy sentado en el retrete a instancias suyas, conste: Ni se te ocurra hacerlo de pie porque hoy he fregado, me ha advertido como si coger la fregona fuera algo que no hiciese con la deseada regularidad.

Mientras repaso con la mirada las feas aguas que surcan las baldosas del suelo, deseando ver en el perfil que me ha señalado Berto cualquier otra cosa —por ejemplo una jirafa, o un elefante («no todos los días aparece un elefante en nuestras vidas», afirma Saramago)—, dirijo hacia otro lugar la poca sangre que no ha decidido abandonar el cerebro rumbo al estómago y su digestión.

Nos conocimos en Grrr (http://www NULL.grrr NULL.ws/filosofia NULL.php), un colectivo de grafistas de marcado carácter iconoclasta que, con el tiempo, ha ido convirtiéndose en otra cosa, no necesariamente mejor o peor. Aunque es tipógrafo, para ganarse la vida diseña desde catálogos de tornillos hasta lo que los anglosajones llaman stationery. Es un tipo alto, grande como un oso, que iba para ala pívot hasta que una fractura de tobillo lo apartó de la cancha cuando casi había metido una de sus enormes zarpas en lo que él denomina, con cierta amargura, siempre con voz queda, las «ligas mayores». Tiene el cabello negro, crespo, y la pereza le impide afeitarse más de una vez por semana, de modo que lo habitual es verle rasposa la cara de pan, donde destacan los ojos, perpetuamente agrandados por el asombro que le producen el mundo y sus cosas.

Berto es de esa gente a la que encorva su propia altura, y siempre anda por ahí con la bolsa de mensajero a cuestas, el ordenador portátil dentro, haciendo fotografías de paredes donde la lluvia, la acción del hombre y un sinfín de carteles superpuestos han dado pie a «texturas bizarras» que aprovechar en futuros proyectos.

Con media botella de vino en el estómago, todo lo que le cuento no le causa el asombro necesario para evitar que la modorra le entorne los ojos. Sentado en el sofá, es un Nerón moderno que ha olvidado momentáneamente las ganas de prender fuego a una ciudad, la nuestra, que cada día que pasa nos resulta más ajena. De pronto parece espabilarlo el borboteo de la cafetera.

Al volver de la cocina se dispone a darme su opinión acerca del primer sueño, cuando recuerdo el extraño perfil que he visto dibujado en el cuarto de baño.

Antes de entrar allí, justo antes de recordarme que ese día ha fregado, Berto apoya la mano en mi hombro y, en tono de confidencia, más encorvado de lo habitual, me dice mientras enciende la luz y señala los pliegues que forman las aguas:

Mira, es Merlín visto de perfil.

perfil de Merlín

tramas del ciclo artúrico

Existen diversas versiones de la leyenda artúrica. A menudo proceden de tradiciones culturales distintas, por lo que cuesta dar una imagen unitaria de las partes que componen el ciclo. No hay prisa: empezaré por un sencillo resumen, y en sucesivas entradas profundizaré un poco en todos estos aspectos, comentando también, en la medida de lo posible, las diversas variantes.

Vayamos punto por punto, a grandes trazos.

  • Arturo es un rey joven que unifica el reino de Bretaña, ayudado por los consejos de un sabio adivino llamado Merlín, a quien la magia no resulta ajena. Merlín proporciona una serie de ayudas providenciales a Arturo y le hace las veces de tutor. Tras la boda del rey con la reina Ginebra y la institución de la orden de la Tabla Redonda, y a pesar de las amenazas interiores y exteriores (conspiraciones diversas, presión de las tribus del norte, incursiones sajonas…), Bretaña deviene el marco ideal de toda suerte de andanzas caballerescas. Es la edad de oro de la caballería.

sir Galahad

  • Uno de los mejores caballeros de Arturo es Lanzarote del Lago. Llegado a Bretaña procedente de la Gaula (en/o Francia), se enamora de la reina Ginebra, sentimiento que es correspondido. A pesar del esfuerzo de ambos por evitarlo, acabarán consumando su amor, lo que con el tiempo desembocará en el fin del reino. Esta relación introduce un motivo clásico de la literatura medieval: el del amor cortés.
  • Otra importante historia de amor, también con final trágico, es la de Tristán de Leonís e Iseo la Rubia, esposa del rey Marco de Cornualles, nada menos que tío de Tristán. De todas las tramas principales ésta es quizá la que se antoja más engastada en el ciclo artúrico. Su popularidad bastó para incorporarla en el ciclo, a pesar de que en sus inicios fue un relato independiente.
  • La demanda del santo Grial, el cáliz que recogió la sangre de Jesucristo en la cruz, constituye otro de los grandes temas: Se trata de una búsqueda espiritual, que tan sólo los caballeros más puros podrán coronar con éxito. Muchos la emprenden, pero son tres quienes lo alcanzan en mayor o menos grado: Boores, Perceval y Galaz, este último hijo ilegítimo de Lanzarote y una dama llamada Amite, quien le dio un bebedizo para que la tomara por Ginebra. El hallazgo del santo cáliz restaña muchas de las heridas que afligen al reino, pero…
  • En esta fase crepuscular, Mordred (hijo ilegítimo del rey Arturo y su propia hermanastra, la reina Morcadés, aunque según donde se atribuye a Morgana la maternidad, por aquello de simplificar y porque también es hermanastra de Arturo) conspira con parte del clan de Orcania (Galván y sus hermanos, hijos de Morcadés y el rey Lot, sobrinos todos de Arturo) para destapar la relación de Lanzarote y Ginebra. Al rey Arturo se le cae la venda de los ojos y el reino se viene abajo entre batallas, conflictos y retiros a conventos. A estas alturas ni siquiera puede salvarlo Merlín, que ha desaparecido ya de la historia, tras ser engañado por una de las damas del Lago, deseosa de hacerse con todos sus conocimientos arcanos.

Ya veis que entre incestos, relaciones amorosas, desafíos caballerescos, batallas, mortíferos engaños, búsquedas espirituales, profecías, magias y conspiraciones, es fácil entender que los relatos que componen el ciclo artúrico aún sean objeto de lectura y estudio. Es el renacimiento de la prosa europea, tras las bases sentadas por los clásicos griegos y latinos.

Un mar de palabras, aventuras y poderosas imágenes en que sumergirse.

pedid lo imposible

Está claro que todo suma. Todo contribuye a. Lo de la ventana; lo del asta que descansa apoyada en un rincón del salón. Muchas otras cosas. El rostro de Merlín (sin ir más lejos); el inquietante sueño (yendo lejos, o más bien yendo hondo), y, por último quizá, el otro sueño, si cabe más inquietante (y por supuesto mucho más lejano, o más bien mucho más hondo).

Me refiero al sueño que todo lo define porque cambia las cosas hasta el punto de que nada vuelve a ser igual. A ese sueño. Pero es después del primero que busco ayuda en la opinión de quienes me rodean, como Ángel, por ejemplo:

Eso era lo que hacías de pequeño, soñar. Y sigues igual. ¿No crees que ya va siendo hora?

La vida lo ha ido tratando con justicia, mientras él tenía el juicio necesario para respetar las normas, reconocía qué caminos debía tomar, y, por qué no decirlo, la suerte lo acompañaba durante el recorrido. Las personas como Ángel sustentan su existencia en pilares de bruma y viento (como hacemos todos), pero han obtenido la recompensa del éxito. Su mayor engaño consiste en el convencimiento de que esfuerzo y tesón conducen al mismo lugar adonde ellos han llegado. Qué importará: al final todos sin excepción vamos pasando por la amoladera. Entonces se oye el agudo chirrido del metal sobre la piedra.

Y no es bonito.

Tienes que ser realista (insiste mi anfitrión). Con los años te va a resultar más difícil poner los pies en el suelo.

Ángel tiene varios críos y trabaja incansablemente. Sara pasa mucho tiempo fuera, de modo que una chica que no es de aquí se encarga de los niños casi todo el día. Cuando los lleva al colegio, o de vuelta a casa, tira de ellos como quien hace volar un manojo de cometas.

Saboreo el estofado. No tengo gran cosa que decir después de que hayamos hablado de su trabajo, de su familia y sus hijos. Aprendí a no hablar mucho cuando caí en la cuenta de que siempre, invariablemente, me escuchaba con mirada vidriosa. La educación lo empuja a preguntar, pero hay un punto, al inicio de cada respuesta, en el que evade la conciencia a un lugar que nadie vislumbra.

Nos despedimos con eternas promesas de quedar algún fin de semana. Antes de cerrarme una puerta que por lo menos alcanza los dos metros y medio de altura, me repite:

Ah… Y sé realista.

De camino a casa no me pregunto por qué lo aprecio —el amor no tiene por qué ser recíproco—, pero sí por qué insiste en hacer algo (quedar con nosotros tres) que a todas luces parece suponerle un esfuerzo. Hace tiempo que dejó de entristecernos la distancia. Con el paso de los años a todos se nos escurren muchas cosas entre los dedos. O se quedan donde estaban. Tan malo parece lo uno como lo otro cuando es otra cosa lo que tendría que suceder. No sé muy bien qué. Después de todo, es muy posible que esto sea lo que la gente considera normal.

A pesar de que es invierno y no tardará en anochecer, vuelvo a casa andando. En la valla de un local encuentro la respuesta a los ángeles que revolotean en torno a quienes no tememos ver en el prójimo la prueba fehaciente de nuestras propias carencias.

Y los ángeles nos miran con ojos de vidrio y hacen oídos sordos.

sed realistas

la vulgata

La Vulgata es una extensa obra en prosa escrita en francés, que se remonta a la primera mitad del siglo XIII. Constituye uno de los principales corpus narrativos que componen la materia de Bretaña. También es conocida como «Lanzarote en prosa», «Lancelot-Graal» o ciclo de «Pseudo-Map» (debido a que en el propio texto se atribuía falsamente la autoría a Walter Map, un historiador medieval que ya había fallecido cuando se escribió).

El nudo de la acción se centra en las peripecias caballerescas de Lanzarote del Lago y su relación con la reina Ginebra. Esta historia desemboca en la búsqueda del Grial (el otro gran motivo del ciclo), y, finalmente, en la muerte del rey Arturo, que marca el fin de las aventuras de los compañeros de la Tabla Redonda. Se diferencian dentro de la Vulgata la siguientes obras:

  • La historia de Lanzarote (parte más larga del ciclo)
  • La búsqueda del Santo Grial (Queste del saint Graal)
  • La muerte de Arturo (La mort Artu)

Algo más tarde se le sumaron otros dos títulos. La acción de estos, sin embargo, precede cronológicamente a La historia de Lanzarote. Se trata de:

  • Historia del Santo Grial (Estoire del saint Graal)
  • Historia de Merlín (Estoire de Merlin)

Lanzarote rescata a la reina Ginebra

Aunque se considera que la obra es anónima, existe polémica entre los investigadores, pues hay quienes apuntan la posibilidad de que existiera un «arquitecto común», cuya labor consistió en dirigir el proyecto y unificar criterios en las tres primeras obras del ciclo; después, otro autor, o autores, se encargaron de respetar la labor de este arquitecto para la redacción de las obras que las precederían cronológicamente. La complejidad del ciclo de la Vulgata es el argumento esgrimido por ambos bandos para defender sus respectivas teorías: los que aseguran que una obra tan compleja tan sólo pudo salir de la pluma de un único autor, y quienes se aferran a esa complejidad para justificar la existencia de un coordinador que escribió buena parte del Lanzarote y estableció las pautas del resto de la obra.

La variedad de la trama es fruto de la técnica empleada, conocida por el nombre de entrelacement (entrelazado). Carlos Alvar, traductor de la obra al español, escribe en la introducción del primer volumen:

La obra que nos ocupa pone en movimiento alrededor de cuatrocientos caballeros, ermitaños, enanos, damas y doncellas anónimos; muchos de ellos no son más que presencias momentáneas, pero son muy numerosos los que aparecen y reaparecen cuando sus huellas y sus recuerdos ya se habían borrado, estableciéndose de este modo un complejo trenzado de aventuras y situaciones, que confieren a la obra una estructura muy característica…

En futuras entradas hablaré de las ediciones española y anglosajona (esta última anotada), así como de la Post-Vulgata.