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historia de los reyes de Bretaña

lunes, noviembre 8th, 2010

Por Sergio Escuriet.

Historia Regum Britannie, edición de Neil WrightHistoria Regum Britanniae es la referencia más antigua de la materia de Bretaña. Fue escrita por Godofredo [Geoffrey] de Monmouth hacia el año 1135 o 1138, en pleno origen de la Anarquía, y debe interpretarse tanto en clave política como en clave artúrica.

El propósito de Godofredo de Monmouth es dual. Por un lado, justifica la invasión normanda, proyectándola como una liberación y no una conquista, para lo que traza la línea histórica de los reyes de los britanos desde Bruto, bisnieto de Eneas de Troya, hasta Cadvaladro, último rey britano, quien abandonó la isla para asentarse como sus antepasados en Armórica (antiguo nombre de la Bretaña francesa), a pesar de que moriría en Roma después de recibir la tonsura de manos del papa Sergio.

Pero también Monmouth toma claramente partido en el enfrentamiento entre el rey Esteban de Inglaterra y Matilde de Bolonia, a favor de esta última, ya desde la dedicatoria que hace a Roberto, duque de Gloucester, hermano bastardo de Matilde. Más que un normando, Esteban era considerado un franco, pues era hijo del conde de Blois.

Las fuentes de las que bebe Godofredo de Monmouth para trazar la dinastía de los reyes britanos son varias, pero principalmente se basa en De excidio et conquestu Britanniae, de Gildas, y en Historia ecclesiastica gentis Alglorum, de Beda. También utiliza como fuente la Historia Britonum, de Nennio. Aunque ninguna cita explícitamente a Arturo, merecen capítulo aparte. Otra de estas fuentes, tal vez la más importante, la constituyen las tradiciones orales celticas. No olvidemos que Monmouth, pueblo natal de Godofredo, está situado en Gales, crisol del folclore que posteriormente adoptó la Materia de Bretaña.

Historia Regum Britanniae, la «obrita» —como Godofredo de Monmouth la denomina—, consta de 200 páginas (Historia de los reyes de Bretaña. Alianza, 2004) y arranca con una descripción de la Isla de Bretaña como si de un paraíso terrenal deshabitado se tratara, recurso muy utilizado por los eclesiásticos metidos a escritores. Consta de cinco partes bastante definidas:

  • Los orígenes, o de cómo Bruto llego a Britania y lo que aconteció a sus descendientes.
  • La conquista romana y sus sucesivos gobernadores.
  • Los barbaros, con Vortiger [Vortigern], el rey traidor, como tema principal.
  • Los Grandes Días de los reyes britanos, con el clímax artúrico como eje central.
  • La caída del imperio britano, con las pertinentes explicaciones de los grandes pecados cometidos por los últimos reyes britanos y de cómo Dios los condenó a perder el paraíso britano.

En clave política es interesante observar que, según Godofredo de Monmouth, durante el periplo o epopeya de Bruto después de partir de Troya, uno de los lugares donde atraca con sus guerreros es en la desembocadura del Loira, a los pies de Bretaña y en lo que en el futuro sería parte del ducado de Normandía, Allí, después de batallar contra los galos, deciden volver a embarcarse, conscientes de que el número de sus enemigos no cesa de aumentar y de que, a pesar de las derrotas infligidas, estos no parecen dispuestos a permitir que los invasores troyanos ocupen sus tierras.

Tras dejar la Galia, las naves troyanas llegan a una isla habitada por gigantes que son rápidamente eliminados. El lugar se llama Albión, y sus tierras se distribuyen rápidamente entre los diferentes caudillos troyanos, que la rebautizan Britania en honor a Bruto. Bruto busca un lugar para establecer su capital, y lo encuentra en uno de los meandros del río Támesis, donde funda Nueva Troya, posteriormente conocida como Trinovanto, hasta que Lud, hermano de Casivelauno, que combatió a Julio César, cambia su nombre por el de Kaerlud («Ciudad de Lud»).

La epopeya de Bruto y sus guerreros troyanos finaliza con un reino establecido en un paraíso terrenal y con el rey repartiendo sus tierras entre sus tres hijos Locrino, Albanacto y Cambro. A la muerte de Bruto, el reino se divide de esa manera, y Locrino obtiene la mitad de la isla, que desde entonces se conoce como Logres; a Cambro le tocan las tierras mas allá del Severn, conocidas desde entonces como Cambria, y Albanacto ocupa los territorios septentrionales, Albania o Alban, nombre antiguo de lo que hoy conocemos como Escocia.

Y de lo que sucedió después hablaremos en otra entrada.

antropónimos, topónimos

jueves, marzo 25th, 2010

Iba a escurrir el bulto con una entrada muy apañada sobre gules o sinoples, que ya toca volver a visitar esas tierras no vaya a ser que me despiste, pero al final he optado por ser valiente y seguir el plan original, que consistía en explicar por qué cuando hablamos de Gawain, Galván, Gauvain o Galvanus no nos referimos a cuatro hermanos que participan en un torneo, sino que hablamos de la misma persona.

La dama de ShalottEn la entrada sobre las tramas del ciclo artúrico ya mencioné que distintas culturas o tradiciones se apropiaron de según qué partes de la leyenda. Pues bien: cada una de ellas adaptó los nombres de los personajes y los lugares (antropónimos y topónimos) para que los lectores pudiesen aprehenderlos con mayor facilidad, hacerlos más familiares, asimilarlos. Y no sólo eso, también las traducciones antiguas impusieron en su época sus propios criterios.

En los esfuerzos de traducción de las principales obras del ciclo artúrico destacan algunos nombres propios. Por criterios de unificación, algunos optaron por mantener los nombres en el original, traduciendo, eso sí, los más conocidos (el rey Arturo y la reina Ginebra nunca son Arthur y Guinevere, aunque en ciertos casos Arturo sea llamado rey Artús). Otros se inclinaron por castellanizarlos.

Carlos Alvar tradujo La Vulgata (hablamos de la versión francesa del asunto) en la década de 1980. El criterio que empleó lo resume la siguiente frase que cito a continuación, incluida en la introducción de Lanzarote del Lago, La reina del gran sufrimiento, primer volumen de los 7 que componen la edición de Alianza del Lanzarote en prosa:

En general he mantenido los nombres propios, unificando las grafías, de acuerdo con la forma original, aunque he castellanizado los más conocidos.

Más adelante, en su introducción de La muerte de Arturo, obra con la que concluye La Vulgata, dice Alvar:

Por lo general he castellanizado los nombres propios cuando aparecen con cierta frecuencia; en caso contrario, los he mantenido con la forma francesa original.

Veo que existe un matiz entre ambas explicaciones, y es que Alvar fue acercándose más al 2º criterio que al primero.

Otros traductores/investigadores han sido más fieles con el texto original: Victoria Cirlot menciona por ejemplo a Gauvain o Lancelot en su extraordinario Figuras del destino, mitos y símbolos de la Europa medieval, publicado por Siruela. Por su parte, Francisco Torres Oliver mantuvo en su momento los nombres originales, castellanizando únicamente los más conocidos, cuando tuvo que trasladar del inglés (y hago hincapié en lo de inglés) La muerte de Arturo, de sir Thomas Malory.

Para Glatissant también he tenido que tomar una decisión que no gustará a todo el mundo. Sin embargo, soy consciente de que es imposible satisfacer todos los gustos. Podría ser fiel al original y, de paso, a Google, lo cual me ayudaría a indexar mejor el blog (la gente tiende a buscar Lancelot en lugar de Lanzarote, y si hacéis una búsqueda en el motor mencionado veréis por qué). Ésa sería sin duda la opción más sencilla, lo cual no tiene nada de malo.

Pero a mí me gusta la complejidad, y este blog es un viaje de descubrimiento. De momento recurriré a la versión más conocida de antropónimos y topónimos para las etiquetas, pero en el texto de las entradas optaré por la opción alvariana (siempre y cuando sea capaz de dar con ella, porque a veces hay que indagar mucho). Poco a poco nos iremos familiarizando con las distintas versiones, y si menciono una realmente rebuscada procuraré aclararla entre paréntesis o a pie de entrada.