objetos ajenos

En mis viajes llegaré a conocer a la Bestia Distinta.

Acecharé su sueño a la luz de la luna, convencido, quizá erróneamente, de que no está advertida de mi presencia, y la veré correr por el bosque, silenciosa como la caída de una pluma porque las hojas no se mueven a su paso.

Observaré con atención a la Bestia Aulladora el poco tiempo que pueda. Lo haré tanto allí como pueda hacerlo aquí.

Tanto aquí ¿abajo? como allí ¿arriba?

Nuestro primer encuentro tuvo lugar en el pasado. No era consciente de a qué me enfrentaba. Me pregunto si ahora lo soy.

Supongo que no.

Darle caza se ha convertido en el objeto de mi demanda, y tanto si sigues mi relato como si no lo haces tal vez te interesen los apuntes que voy tomando sobre ella.

Poco después de tener mi segundo sueño me refugié en casa de un amigo, en las Baleares. Paseábamos por las rocas que bordean una cala cuando me pareció distinguir la sombra que, sobre las aguas cristalinas de finales de abril, proyectaba la Bestia Ladradora desde los Otros Lugares.

la sombra de su cabeza de serpiente

Hay lujos que no puedo permitirme en este relato fiel de los hechos. Cuando me adentro en el bosque no debería llevar conmigo las cosas de aquí, me refiero a objetos que podrían serme útiles para dejar constancia de mi búsqueda. Cuando me arriesgo a hacerlo no tengo más remedio que escoger.

En parte porque me parece una falta de respeto. No están preparados para tanto cambio y no soy quién para imponérselo, ni siquiera en las situaciones en que podría salvarme la vida. No ven con buenos ojos todos aquellos objetos que ellos denominan, en un alarde de originalidad, Objetos Ajenos. Debo cuidarme de despertar su ira. De enojarlos. De que reparen en mi intrusa presencia allí.

Por mucho que Berto insista en que debo llevarme el móvil, ¿de qué iba a servirme? ¿Acaso hay cobertura en el otro mundo? ¿Alcanzan los satélites a repetir las señales emitidas desde los Otros Lugares?

Pero me alejo del propósito de esta entrada. Aún queda un largo trecho por recorrer y no quiero adelantar acontecimientos.

Quería hablar de la Bestia Ladradora. Ha llegado el momento de hacerlo. Esta categoría, Bestiario, constituye una especie de apéndice de la narración. La mayoría de los textos e ilustraciones que la integren serán apuntes diversos que, leídos por separado, parecerían deslavazados, pero que al cabo ofrecerán una visión de conjunto que complemente el texto.

Leed con atención y no olvidéis que quien avisa no es traidor.

Al menos sobre el papel.

5 Respuestas a “objetos ajenos”


  • En toda elección hay el sacrificio de dejar aquello que sospechas podía ser la opción correcta. Pero en toda decisión la intuición es la mejor guía.

    Por ello, yo opto por empuñar el escudo (el de mi linaje, claro está) y dejar la espada, pues sospecho que habrá más defensa que ataque.

    ¡A por la bestia!

  • ¡Mierda!, otra vez me pasó. He perdido el texto buscando “Instantes”… Ahora lo entenderéis. Intentaré recordarlo. Venía a decir lo siguiente:
    De todo me quedo con la idea del respeto… Y ¿sabes qué haría yo? Me llevaría todo cuanto pudiera, porque nunca se sabe, en esos pueblos de dios. Cuando te adentras en otros mundos debes ir preparado, creo yo, aunque se trate de paraísos perdidos. Nunca sabes qué te encontrarás ni con qué obstáculos (animados e inanimados) tendrás que lidiar. Ni me podía imaginar hasta ahora la cantidad de nombres y nombrecitos que llevaba encima cualquier caballero en aquellos siglos. Diosssss! Seguro que ni se podían mover, los pobres. Así que ellos debieron de saber más sobre las defensas y los ataques. Pero bueno, a lo que iba. A veces eres tan respetuoso, mi niño… A mí me gusta ser irreverente, ya lo sabes. No lo soy pero me gustaría serlo… En otros mundos, en otros paraísos, te aseguro que haría lo peor. Yo sería la bestia… Pero contradiciendo lo anterior, os paso un poema-prosa. Su autor dicen que es Borges. Hay diversidad de pareceres, como en la vida misma. Me choqué con él en mis tiempos mozos y lo disfruté. Os lo dejo aquí:

    Instantes

    Si pudiera vivir nuevamente mi vida.
    En la próxima trataría de cometer más errores.
    No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
    Sería más tonto de lo que he sido, de hecho
    tomaría muy pocas cosas con seriedad.
    Sería menos higiénico.
    Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría
    más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos.
    Iría a más lugares adonde nunca he ido, comería
    más helados y menos habas, tendría más problemas
    reales y menos imaginarios.
    Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolíficamente
    cada minuto de su vida; claro que tuve momentos de alegría.
    Pero si pudiera volver atrás trataría de tener
    solamente buenos momentos.
    Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, sólo de momentos;
    no te pierdas el ahora.
    Yo era uno de esos que nunca iban a ninguna parte sin termómetro,
    una bolsa de agua caliente, un paraguas y un paracaídas;
    Si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.
    Si pudiera volver a vivir comenzaría a andar descalzo a principios
    de la primavera y seguiría así hasta concluir el otoño.
    Daría más vueltas en calesita, contemplaría más amaneceres
    y jugaría con más niños, si tuviera otra vez la vida por delante.
    Pero ya tengo 85 años y sé que me estoy muriendo.

  • Esto era lo que perdí:
    De todo me quedo con la idea del respeto… Y yo, que no soy tan respetuosa, intentaría llevarme lo que fuera. ¿Acaso en otros mundos nos van a fiscalizar como en éste? Ya sería la monda. Cuando te adentras en otras realidades supongo que son paraísos perdidos, ¿no? Ahí cabe todo, mi niño. A veces eres tan respetuoso… Siempre, digo. Aunque ya quedan tan pocos… Bueno, a lo dicho, pilla lo que puedas que te hará falta. Os paso unos versos que vienen a contradecir todo lo anterior.

  • Si es que estoy loca. Ya lo iréis viendo.

  • Loca no sé, ¡pero da la impresión de que has publicado los comentarios en orden inverso!

    Gracias por los aportes. Entiendo por el poema que tengo que ducharme cada dos días, ir por ahí dando puñetazos a los que escupen en la vía pública y (lo que me parece más curioso) ¡escupir en la vía pública!

    Es broma.

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