lo demás ha fallado

Con los tiempos que corren no sé quién va a querer contratar a un payaso.

Eso lo suelto una noche, en el salón. De acuerdo, cabe la posibilidad de que hayan bajado las persianas: El ambiente está tan cargado que el pasillo que lleva a la puerta del trastero se ha fundido con la pared gris, hasta tal punto que es como si hubiera desaparecido.

Salón de la Casa de los cuatro balcones

En Eva y Rosa se dibujan sendos mohines entre el tintineo de las copas. Alex, sentada sobre una pierna, y con la otra, larga, negra, estirada y desnuda, me observa desde el amplio sillón con una expresión inescrutable antes de preguntar a qué me refiero.

Y yo respondo:

Quiero decir que con lo mal que está todo no sé yo si esa amiga vuestra podrá contratar un payaso para que anime la fiesta de cumpleaños.

Risas. Eva es la primera en responder.

Pues claro que podrá. Qué gracioso eres.

Alex me alcanza la copa para que pruebe su bebida, que es más suave, y luego me dice:

Qué sentido tiene que huyas de la realidad, si aprovechas cualquier excusa para hablar de ella.

Mi perplejidad dura lo que tardo en echar otro trago. No sé qué tendrán estos combinados, pero de pronto se me hace cuesta arriba replicar. Qué más da.

Tardo unas horas en recordar esa conversación. Las paso entre sábanas, dormido o sin dormir. Querría poder contar algo emocionante, como que desperté colgado de los brazos y que ellas, convertidas en malvadas vampiras, me tenían preso para chuparme poco a poco la sangre. Sería como en esas historias que ahora están tan de moda, sólo que sin tanto adolescente.

Me levanto y me cruzo en el salón con Alex, que descansa el cuerpo en el respaldo de una silla y me observa mientras repaso la pared gris con la mirada, en busca del corredor que conduce al trastero, el mismo que lleva a la puerta que me advirtió que no debía abrir porque no conduce a nada.

¿Qué buscas?, me pregunta sin preámbulos.

Estaba aquí, pero no lo encuentro.

Antes te hice una pregunta que no llegaste a responder.

Yo miro a mi alrededor. Intento poner en orden las ideas. No es fácil, pero inicio mi discurso con una breve referencia al pasado. A todo esto, ella me observa con los ojos muy abiertos. Son redondos. Llenos. Prosigo hablándole de que mi viaje no tiene nada que ver con huir de la realidad, sino con afrontarla. Ella cabecea. Asiente pero no dice nada. Le pregunto si tiene alguna deuda pendiente con alguien, pero no responde de inmediato.

O sea que no huyes, sino que te has propuesto afrontar la realidad, dice en voz baja, dudosa.

Quiero encontrar la manera de volverla del revés. De hallar los pasajes secretos y atravesarlos.

¿A eso se debe tu interés por esa puerta? ¿Crees que es uno de los pasajes que debes atravesar?

Le respondo que sí, que es posible.

Te dije que no debe abrirse porque no conduce a nada, pero seré franca contigo.

La miro de soslayo. Pensad que el salón sigue en penumbra. Imaginaos un cuarto decorado a la antigua, como muy cargado de cosas: Un espejo de pared, una alfombra, sillones y sofás. Hay incluso un piano que nadie toca. Ahora añadidle el humo que exhalaría un par de fumadores de puro con cada chupada. Pues bien, ahí estamos ella y yo de pie. La miro de soslayo, decía, y retrocedo un paso, o más bien echo el cuerpo hacia atrás.

Seré franca contigo (insiste). Debo serlo puesto que todo lo demás ha fallado.

Cuando me dispongo a decir algo, ella me lo impide poniéndome el dedo en los labios.

Si atraviesas esa puerta morirás.

8 Respuestas a “lo demás ha fallado”


  • ¿Se trata de la misma puerta que todos decidimos atravesar? En buen aprieto nos pones ahora, amigo.

    Lo que está claro es que esa advertencia aún la hace más misteriosa, más tentadora…

    ¿A qué tipo de muerte debe referirse Alex? ¿A la física? Cosa que me extrañaría tratándose del tipo de relato que compartes con nosotros… ¿O a otro tipo de muerte? Quizás se trate de una muerte intelectual, de matar nuestro yo pasado para empezar otro nuevo.

    Dejame adivinar: se trata de un viaje iniciático sin camino de regreso, a un País de la Maravillas (o de las Desgracias) en el que el espejo se ha roto irremediablemente.

    ¿No?

  • pero tiene que haber alguna esperanza, llumsisons, sino que hacemos aqui?

    p.d. ultimamente cuesta ponerse en contacto con el. que estara haciendo?

  • Clara:

    ¡Ojo!

  • “Si atraviesas esa puerta morirás”. Por dios, esa Alex es el alter ego del tipo en la entrada del hotel Kruger del Tibidabo. Lo estoy oyendo: “¿Estáaaaais seguuuros de que quereeeeéis entraaaar? Deeeeentro os espeeeera… ¡LA MUERTE!”
    Quién dijo que no se encuentran payasos hoy en día: esa tipa es una profesional.
    Miguel, entra.

  • Entra, entra que nosotros venimos acurrucaditos detrás tirando garbanzos al suelo para marcar el regreso.

  • Miguel, entra.

    No sé yo. Se está tan bien aquí…

  • No sé si lo de los garbanzos es buena idea, Llumsisons. Imagina que el pobre Miguel sale huyendo de lo que haya tras esa puerta, se encuentra un suelo sembrado de bolitas y se nos parte la crisma :D

  • Menuda manera de acabar una historia: morir por unos garbanzos. ¡Amelia, Joseph Campbell se revuelve un poco en su tumba!

Actualmente los comentarios están cerrados.