Author Archive

esmaltes, azur

jueves, mayo 20th, 2010

Sigo trabajando un poco la subcategoría de Artúrica dedicada a la Heráldica con una serie de breves apuntes sobre esmaltes y metales, con tal de disponer en el futuro de las herramientas necesarias para afrontar una explicación del blasón. Hoy le toca el turno al azur heráldico, esmalte (o sea, color) que en definitiva corresponde al azul de siempre. Pero antes de repetir definiciones voy a ceñirme al plan de recurrir a la definición de la RAE:

azur.azur

(Del fr. azur).

1. adj. Heráld. Dicho de un color heráldico: Que en pintura se representa con el azul oscuro, y en el grabado, por medio de líneas horizontales muy espesas.


Tal vez las líneas del diagrama de la derecha no sean «muy espesas», pero sirve para haceros a la idea. Doy gracias al usuario de Wikipedia que ha realizado estas ilustraciones y ha renunciado a sus derechos de autor para que todo el mundo pueda utilizarlas sin permiso previo, por lo mucho que me facilita estas entradas.

Su significado emblemático pretende abarcar los siguientes valores: nobleza (por algo es el color de la realeza francesa, o de la orden militar inglesa de la Jarretera), caridad, templanza, tesón, belleza, piedad.

Nada menos que el rey Arturo (en una de las versiones de su escudo más extendidas) tiene el campo del blasón en azur, y también su hermano de leche, sir Keu [Key], el senescal, e Yvaín [Yvain], el llamado caballero del león, protagonista de la novela de Chrétien de Troyes Li chevaliers au lion (Yvain).

Como es costumbre menciono que el Wikiproyecto (http://tinyurl NULL.com/275gj3c) de ilustración/taller de Heráldica ha establecido las siguientes convenciones para el azur, equivalencias en código HTML y en el modelo RGB:

HMTL: #0071bc
RGB: 0;113;188

Y listo a continuación los enlaces de entradas relacionadas con esmaltes y metales, por si fuera necesaria una referencia rápida:

howard pyle

jueves, mayo 13th, 2010

The Nation Makers

Supongo que no sólo sería justo considerar a Howard Pyle, nacido en los EE.UU., en el estado de Delaware, el padre de la ilustración norteamericana (como suele considerársele), sino también un cruce de caminos en el campo al que dedicó su carrera.

Hijo de una familia de cuáqueros, Pyle alcanzó un relativo éxito tras mudarse a Nueva York para ampliar estudios a los veintitrés años y, tal como hicieron muchos artistas de la época, buscar trabajo en el terreno de la ilustración con tal de financiarse la carrera de pintor. No tardó en recibir encargos de las principales publicaciones del momento, entre las cuales encontramos Cosmopolitan, Harper’s Weekly, Harper’s Monthly y Scribner’s.

Regresó a su estado natal con una idea bastante aproximada de las exigencias que imponía el mercado, y también de la que se avecinaba: Pyle preveía que en un futuro no muy lejano habría una amplia demanda de ilustradores debida a los avances de las técnicas de impresión y la proliferación de publicaciones. Dichos ilustradores necesitarían dominar un amplio espectro de técnicas y herramientas, ser auténticos hombres del Renacimiento. ¿Qué fue lo que hizo?

Howard Pyle en 1897Se puso a dar clases. Dicen que nunca cobró un céntimo de dólar por enseñar. No sé si será verdad, pero qué diablos, a mí me parece una buena historia.

Una de las cosas que más sorprenden es pensar en la cantidad de buenos artistas que se formaron bajo la tutela de este señor en lo que se vino a conocer como la Escuela de Brandywine. Tenemos, claro está, a N.C. Wyeth, de quien ya escribí algo en una entrada anterior, pero también nombres tan conocidos como Maxfield Parrish y Frank Schoonover. No sólo artistas masculinos, puesto que del centenar de ilustradores que pasaron por sus manos el cuarenta por ciento fueron mujeres (destacan Elizabeth Shippen Green, Violet Oakley y Jessie Wilcox Smith, trío conocido por el apodo «The Red Rose Girls»), y eso que por aquel entonces no era habitual que las mujeres estudiasen para convertirse en ilustradoras comerciales.

Cuentan que Vincent van Gogh coleccionaba recortes de las ilustraciones que Pyle publicó en Harper’s.

Aparte de su faceta de profesor, como profesional dominaba diversas técnicas. Era capaz de imprimir una gran fuerza a las imágenes (basta con ver la que encabeza esta entrada), y como ya va siendo hora de incluir alguna más hay que admitir que las suyas de piratas son bastante famosas.

Abandonado, de Howard Pyle

También escribió, y mucho; empezó con un libro estupendo dedicado a Robin Hood que aquí publica Anaya en la colección Tus Libros, y con el tiempo se dedicaría a reescribir las aventuras que nos ocupan, las del rey Arturo y sus caballeros. Lo hizo con la pasión y el vigor que lo caracterizaban, libros para jóvenes, rebajando tal vez el tono de los temas más comprometidos del ciclo, pero contando la historia de principio a fin, influenciada por la tardía versión de sir Thomas Malory.

  • The Story of King Arthur and his Knights, 1903
  • The Story of the Champions of the Round Table, 1905
  • The Story of Sir Launcelot and his Companions, 1907
  • The Story of the Grail and the Passing of Arthur, 1910

Iseo la Rubia, de Howard PyleY lo mejor de todo es que estas novelas, cuyo lenguaje no era precisamente fácil (corrían otros tiempos y los jóvenes no temían, supongo, enfrentarse a lecturas difíciles), incluyen abundantes ilustraciones suyas, y así fue cómo nos legó retratos de los personajes principales, de Lanzarote, de Galván, de Tristán de Leonís, por citar algunos. Y también el de Iseo la Rubia, que incluyo.

Ya veterano, decidió que poco iba a aprender donde vivía, razón por la que embarcó a toda su familia en un viaje que lo llevó a conocer y estudiar en profundidad a los grandes maestros clásicos. Murió en Florencia en 1911. No había cumplido los sesenta años, pero había dejado un legado que aún hoy, tras varias generaciones, perdura.

Como viene siendo costumbre, reservo este espacio final para advertir a los fieles de la búsqueda de la fabulosa Bestia Aulladora que ésta no será la última entrada que dedique a mostrar la parte artúrica de la obra de este gran ilustrador.

la post-vulgata

jueves, mayo 6th, 2010

Recuperada gracias a las versiones española y portuguesa (a pesar de lo cual no se conserva intacta), la Post-Vulgata se escribió poco después de la Vulgata, en torno a 1230-40.

Al contrario de lo que indica su nombre no se trata de una continuación, pues el ciclo artúrico concluye con la muerte de Arturo y el fin de la edad de oro de la caballería, por mucho que otros autores modernos se hayan esforzado en ir más allá.

caballero lanza en altoLa estructura de la obra recuerda la de la Vulgata, pero en realidad, para resumirlo, se trata de una reescritura que obvia el relato de Lanzarote, la parte principal de la obra original, en su empeño por bascular el protagonismo del romance entre la reina Ginebra y el caballero de Gaula a la figura del rey Arturo, con objeto de restar importancia a la relación adúltera y concentrar la atención del lector en el santo Grial.

Se reconocen las siguientes partes: Historia del santo Grial, Historia de Merlín, Demanda del santo Grial y La muerte de Arturo, ésta última muy retocada respecto a su equivalente de la Vulgata.

La estructura de la Post-Vulgata es más compacta, pero su estilo y el fondo carecen de la riqueza narrativa de la obra que reinterpreta, quizá por los temas que evita, por la ausencia del juego que deriva de la relación, el contacto, entre los motivos paganos y los sacros, por el énfasis en el hecho de que todo lo malo que sucede supone un castigo divino por los pecados, se cometan aposta o involuntariamente.

esmaltes, sinople

jueves, abril 29th, 2010

Después de las entradas dedicadas a introducir la subcategoría Heráldica (escudo, blasón y regiones del escudo), que iré completando con el tiempo hasta que este espacio cuente con un breve conjunto de textos que sirvan de explicación del blasón, paso a la descripción de los distintos esmaltes (colores) y de los metales que los complementan. Para ello me serviré de las definiciones del Diccionario de la RAE, y después completaré la información con la carga emblemática y otros detalles. Estas entradas serán breves.

Me he propuesto dejar para el final la entrada con la lista de significados herméticos incluida en una oscura obra francesa apuntada por Juan Eduardo Cirlot en su Diccionario de símbolos (sí, soy admirador de esta obra, supongo que a estas alturas ya no sirve de nada ocultarlo). Doy por sentado que esta lista haría revolverse en su tumba a muchos estudiosos serios, ya fallecidos, de la Heráldica, y también rebullirse en su silla a los que sigan con vida, pero después de todo éste es un espacio divulgativo, y tal vez dicha información despierte la curiosidad de más de un lector.

Pero vayamos al sinople, del que nos dice el diccionario:

sinople.sinople

(Del fr. sinople).

1. adj. Heráld. Color heráldico que en pintura se representa por el verde y en el grabado por líneas oblicuas y paralelas a una que va desde el cantón diestro del jefe al siniestro de la punta.

(Recordemos que las descripciones heráldicas se hacen desde el heraldo que portaba el escudo, y no desde el punto de vista del observador. O sea, en este caso «siniestro» sería nuestra derecha, y «diestro» nuestra izquierda, tal como puede apreciarse por la caída de las líneas en la imagen. La representación en grabado es para cuando hay que ceñirse al blanco y negro, por tanto todos los esmaltes y metales tienen un equivalente en b/n.)

Su significado emblemático pretende abarcar los siguientes valores: fe, valor, amistad, respeto, servicio y esperanza.

En el Wikiproyecto (http://tinyurl NULL.com/275gj3c) de ilustración/taller de Heráldica se han establecido las siguientes convenciones para el sinople, equivalencias en código HTML y en el modelo RGB:

HMTL: #008f4c
RGB: 0;143;76

Listo a continuación los enlaces de entradas relacionadas con esmaltes y metales, por si fuera necesaria una referencia rápida:

santo patrón de la caballería

viernes, abril 23rd, 2010

dragón de arena

Con agradecimiento a todos los trabajadores del libro, damas y caballeros andantes donde los haya.

tristán e iseo, n.c. wyeth

jueves, abril 22nd, 2010

Después de la entrada de Artúrica que publiqué la semana pasada, dedicada a la muerte de Tristán, doy paso a esta escena feliz, obra del gran ilustrador norteamericano N.C. Wyeth.

Tristán e Iseo, según N.C. Wyeth

velas blancas, velas negras

jueves, abril 15th, 2010

La muerte de Tristán

La historia de Tristán e Iseo [Isolde], una de las tramas principales del ciclo artúrico, merece una entrada extensa. Antes de abordarla me gustaría elaborar un resumen de la obra sin extenderme mucho en los pequeños detalles, hablar de las distintas versiones, y comentar también, aunque sea en lo superficial, sus antecedentes. Todo esto queda pendiente para más adelante.

Consultaba la documentación, queriendo dar con un punto de acceso, cuando he recordado el final (en realidad existe otra versión de su muerte) del caballero de Leonís, Tristán [Tristram], en cuyo blasón figura un león rampante en oro sobre campo de sinople. En proezas y hechos de armas sólo se vio superado por el propio Lanzarote del Lago [Lancelot du Lac].

Eso dicen. Hay quienes lo ponen en duda.

Cuentan que Tristán se casó con Iseo de las Blancas Manos [Iseut de Blanchemains] por el solo hecho de llamarse como su enamorada, quien, por estar comprometida de antemano con el rey Marco, tío de Tristán, tuvo que casar con él. Tras la boda, Tristán hizo promesa de no poner la mano encima a su esposa durante un año.

Estaréis pensando: «Menudo lío de Iseos…»

En esas estaba Tristán cuando, durante una aventura en la que ayudaba a su cuñado Kaherdín, sufrió una grave herida de lanza. Lo peor no fue el corte, sino el veneno con que el adversario había emponzoñado la punta.

La herida se enconó.

Como nadie lograba curarlo, enviaron mensajero a Iseo la Rubia, pues era de todos sabido que poseía mágicas dotes curativas. La idea era que la embarcación en que viajara envergase velas blancas si ella iba a bordo, o negras si no habían podido dar con ella o no había accedido a ayudar a su antiguo amante.

Por fin la nave asomó por el horizonte, y Tristán, moribundo, acompañado por su esposa, preguntó de qué color eran las velas que caían de las vergas.

Aguijoneada por los celos, Iseo de las Blancas Manos respondió que negras.

Y Tristán, desesperado, murió padeciendo dolores terribles. Cuando desembarcó Iseo la Rubia, enterada del final de su amado, se llegó a su lado y murió de pena sobre su cadáver.

ese buen caballero

jueves, abril 8th, 2010

Robert Kennedy Duncan

Juzgamos imposible alcanzar el conocimiento absoluto de la constitución última de la materia. La ciencia es como Palamedes [Palomides], ese “buen caballero” de la novela artúrica que perseguía a la bestia llamada Glatissant.  Ésa era su demanda, como tal inalcanzable; no obstante, cumplir con ella era su empeño, y se aplicaba con denuedo a la labor, a pesar de las cuitas y distracciones que pudieran surgirle en el camino. La naturaleza última de la materia es la demanda que persigue la ciencia.

Kennedy Duncan, Robert, Some chemical problems of today. Harper & Brothers, Nueva York, 1911.

regiones del escudo

jueves, abril 1st, 2010

Voy a incluir un par de apuntes más antes de pasar a la descripción de esmaltes y metales, para cuando deba referirme a esta entrada en las definiciones que surjan más adelante. Intentaré enlazar entre sí todos los documentos de la categoría Heráldica para que su consulta sea lo más efectiva posible y sirvan como explicación del blasón.

Hay algo importante que destacar, y es que en Heráldica las descripciones de los elementos que conforman el blasón se describen desde el punto de vista del heraldo que llevaba el escudo ante sí, para mostrarlo a los espectadores del evento que fuera. Por tanto, la siniestra no es nuestra izquierda, sino la parte izquierda del escudo.

El campo del escudo se divide en cinco regiones que surgen del trazo de cuatro líneas, dos verticales y dos horizontales:

  • regiones del escudo Jefe (parte alta) —2
  • Flanco diestro (izquierda del observador)
  • Centro (llamado también «Corazón» o «Abismo») —5
  • Flanco siniestro (derecha del observador)
  • Punta (parte inferior) —8

De estas regiones nacen los llamados cantones (que vienen a ser las esquinas):

  • cantón diestro del jefe —1
  • cantón siniestro del jefe —3
  • cantón diestro de la punta —7
  • cantón siniestro de la punta —9

Y los huecos que dejan los cantones se denominan puntos:

  • punto del flanco diestro —4
  • punto del flanco siniestro —6

Por último, incluyo a modo de colofón una divertida escena de Destino de caballero. Aunque el heraldo no muestra el escudo, nadie podría acusarlo de falta de elocuencia.

antropónimos, topónimos

jueves, marzo 25th, 2010

Iba a escurrir el bulto con una entrada muy apañada sobre gules o sinoples, que ya toca volver a visitar esas tierras no vaya a ser que me despiste, pero al final he optado por ser valiente y seguir el plan original, que consistía en explicar por qué cuando hablamos de Gawain, Galván, Gauvain o Galvanus no nos referimos a cuatro hermanos que participan en un torneo, sino que hablamos de la misma persona.

La dama de ShalottEn la entrada sobre las tramas del ciclo artúrico ya mencioné que distintas culturas o tradiciones se apropiaron de según qué partes de la leyenda. Pues bien: cada una de ellas adaptó los nombres de los personajes y los lugares (antropónimos y topónimos) para que los lectores pudiesen aprehenderlos con mayor facilidad, hacerlos más familiares, asimilarlos. Y no sólo eso, también las traducciones antiguas impusieron en su época sus propios criterios.

En los esfuerzos de traducción de las principales obras del ciclo artúrico destacan algunos nombres propios. Por criterios de unificación, algunos optaron por mantener los nombres en el original, traduciendo, eso sí, los más conocidos (el rey Arturo y la reina Ginebra nunca son Arthur y Guinevere, aunque en ciertos casos Arturo sea llamado rey Artús). Otros se inclinaron por castellanizarlos.

Carlos Alvar tradujo La Vulgata (hablamos de la versión francesa del asunto) en la década de 1980. El criterio que empleó lo resume la siguiente frase que cito a continuación, incluida en la introducción de Lanzarote del Lago, La reina del gran sufrimiento, primer volumen de los 7 que componen la edición de Alianza del Lanzarote en prosa:

En general he mantenido los nombres propios, unificando las grafías, de acuerdo con la forma original, aunque he castellanizado los más conocidos.

Más adelante, en su introducción de La muerte de Arturo, obra con la que concluye La Vulgata, dice Alvar:

Por lo general he castellanizado los nombres propios cuando aparecen con cierta frecuencia; en caso contrario, los he mantenido con la forma francesa original.

Veo que existe un matiz entre ambas explicaciones, y es que Alvar fue acercándose más al 2º criterio que al primero.

Otros traductores/investigadores han sido más fieles con el texto original: Victoria Cirlot menciona por ejemplo a Gauvain o Lancelot en su extraordinario Figuras del destino, mitos y símbolos de la Europa medieval, publicado por Siruela. Por su parte, Francisco Torres Oliver mantuvo en su momento los nombres originales, castellanizando únicamente los más conocidos, cuando tuvo que trasladar del inglés (y hago hincapié en lo de inglés) La muerte de Arturo, de sir Thomas Malory.

Para Glatissant también he tenido que tomar una decisión que no gustará a todo el mundo. Sin embargo, soy consciente de que es imposible satisfacer todos los gustos. Podría ser fiel al original y, de paso, a Google, lo cual me ayudaría a indexar mejor el blog (la gente tiende a buscar Lancelot en lugar de Lanzarote, y si hacéis una búsqueda en el motor mencionado veréis por qué). Ésa sería sin duda la opción más sencilla, lo cual no tiene nada de malo.

Pero a mí me gusta la complejidad, y este blog es un viaje de descubrimiento. De momento recurriré a la versión más conocida de antropónimos y topónimos para las etiquetas, pero en el texto de las entradas optaré por la opción alvariana (siempre y cuando sea capaz de dar con ella, porque a veces hay que indagar mucho). Poco a poco nos iremos familiarizando con las distintas versiones, y si menciono una realmente rebuscada procuraré aclararla entre paréntesis o a pie de entrada.